El universo segunda mano invade las calles del centro

Se contabilizan unas 20 ferias americanas. Emergentes de la crisis, ofrecen soluciones cuando el bolsillo no alcanza. Desde ropa a electrodomésticos hasta 10 veces más baratos que en el mercado.
 
domingo, 21 de abril de 2013 · 00:00

Vienen ganando la batalla frente a la apatía del público local, tan impredecible como difícil de conquistar. Rodeadas de comercios que llegan y se van con la misma rapidez, las ferias americanas hallaron la fórmula de un éxito cimentado en la crisis y no paran de multiplicarse.

Hay alrededor de 20 solo en el centro de Pilar y su presencia se hace más fuerte en las localidades. Su particularidad es la indumentaria aunque con los años se fueron incorporando rubros diversos: desde electrodomésticos hasta accesorios para bebés, con precios hasta diez veces inferiores que el valor del mercado.

Con nueve ferias en un radio de cuatro cuadras, la calle Víctor Vergani se convirtió en el emblema de la segunda mano.

Sobre esa calle casi en la intersección con Pedro Lagrave, desde su local de pasillos angostos y pilas de ropa cuya clasificación demandaría días enteros, María aprendió los secretos de lo usado. Hace 11 años abrió la feria cuando la crisis del 2001 pedía a gritos un rebusque y hoy vuelve a ver el apogeo del negocio aunque con muchos más competidores a la vista.

“La gente cada vez puede comprar menos cosas nuevas, esa es la verdad, por eso estos negocios funcionan tanto”, explicó la mujer en diálogo con El Diario, miembro además de una familia especialista en el género: 11 de las ferias instaladas en Pilar pertenecen a parientes suyos.

Pocos metros más adelante, su cuñado Pedro se adentró hace tres meses en el mundo segunda mano. En cuanto al boom de la demanda, el éxito se lo atribuye a los precios: “hoy un jean sale 300 o 400 pesos, acá tenemos los mismos, casi nuevos, a 70”. “También tenemos ropa de 2 o 3 pesos para chicos, hay para todos”, agregó.

Por el lado de los comerciantes, la decisión de lanzarse al rubro radica, según el hombre, en que “es un negocio que arrancás con poco, no necesitás de una gran inversión”.

María, por su parte, se inclina por el efecto contagio: “Quizás la nuestra llamó mucho la atención con tantas ferias y la gente piensa que te llenás de plata, pero sacás para pucherear día a día”.

 

Ciclos

Irrumpieron con fuerza en el mercado local hace 10 años y se fueron consolidando de la mano de la inflación, las crisis y la pérdida del poder adquisitivo. “Hasta hace cuatro o cinco años se vendía muchísimo, ahora se sigue vendiendo pero con mucha más competencia”, aseguró María.

Entre estos vaivenes, la actualidad encuentra al rubro, según la mujer, en uno de sus picos: “desde las elecciones de octubre de 2011 se empezó a notar muchísimo la crisis”.

Para Martín, de la feria Sandra, ubicada también sobre Vergani entre Independencia y Lorenzo López, “la demanda se nota mucho en época de cobro”. Y entre las necesidades más recurrentes, aparecen los artículos de bebés y los electrodomésticos.

Para estar un paso más adelante que sus pares, algunos negocios otorgan sus propios créditos. “En este momento tenemos un televisor a 1.200 pesos, y damos la facilidad de pagarlo en dos veces”, graficó el vendedor.

De todos modos, los feriantes coinciden en que la competencia no está en los precios sino en lo distintivo de cada local.

Para María, “mi fuerte son las cosas de bebé”, aclara, en tanto que para Pedro el foco está puesto en “la ropa de calidad”.

 

Pionera

El orden y la prolija clasificación es, en cambio, el sello de Silvana, una ucraniana meticulosa que asegura disfrutar del negocio y la atención al público. Junto a su marido Antonio, abrió la primera feria americana en Pilar, hace 15 años, en la esquina de Vergani y Bolívar.

“Hay que saber dónde y a quién comprarle, yo compro ropa usada, no trapitos”, afirmó con determinación, para agregar que “también hay que saber mantenerlo. Hay que lavar, clasificar, a mi no me gusta vender ropa sucia”.

En cuanto a los precios, en indumentaria todos manejan más o menos la misma escala que va de 1 peso a 300, para artículos más sofisticados como camperas de cuero o trajes. Aunque, vale decir, la mayoría de los importes no están colocados en las prendas sino que son calculados “a ojo” por el vendedor en el momento de la transacción.

Rechazando esa modalidad, la pionera de las ferias advirtió: “yo ya tengo el precio puesto, venís mañana y sale lo mismo, no cobro por la cara del que lo compra”.

 

 

Tres claves 
• 1 a 300 pesos es la escala de precios para la ropa en las ferias americanas.
• Víctor Vergani, con nueve locales, es la calle emblemática para este tipo de comercios.
• Muchos negocios no colocan precios, se establece de acuerdo al momento y, por qué no, a la “cara del cliente”.

 

 

 

Vender sin mirar a quien
“Yo compro todo, a nada le digo que no”

 En el universo de las ferias americanas, los entendidos coinciden en que el secreto es saber comprar. Entre quienes ponen a la venta sus pertenencias se encuentran –y son mayoría- los que ven en ello un rebusque para llegar a fin de mes y quienes ante cada cambio de temporada encontraron en las ferias una forma de vaciar el placard haciendo negocio.

“Hay muchas mujeres de countries que vienen con valijas de ropa y por ahí se ganan 200 pesos. A veces me dicen que gastaron de más con la tarjeta y necesitan plata antes de que se dé cuenta el marido”, cuenta María, propietaria desde hace una década de una feria americana. “Yo compro todo, a nada le digo que no, porque todos tienen diferentes gustos”.

“También están los que dicen que han regalado cosas y no las han valorado, que de pronto se las encuentran en la cucha del perro entonces quieren empezar a vender”, añadió Pedro desde su negocio en Vergani e Yrigoyen.

Para Silvana, lanzada al rubro hace 15 años, hasta el trueque es bien recibido en pos de una buena compra. “Tener antigüedades –advierte- es una ventaja, hay mucha gente de los countries que entra por eso y después nos empiezan a traer ropa importada, de muy buena calidad. A veces arreglamos y por una valija de ropa se llevan, por ejemplo, una araña antigua”.

 

 

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