por Celeste Lafourcade [email protected]
Cada vez que le toque repasar su vida, Alan Muñoz tendrá dos nacimientos para contar. El primero, hace 17 años, y el segundo, el 13 de marzo último cuando volvió a la vida después de permanecer más de 40 minutos sin signos vitales como consecuencia de una muerte súbita.
Su recuperación sorprendió incluso a los médicos del hospital Sanguinetti, los mismos que le salvaron la vida –o se la devolvieron- y que desde entonces, lo adoptaron como el paciente mimado del lugar.
Desde el viernes, el joven se recupera en su casa del barrio El Bosque junto a sus hermanos. Desde allí habló con El Diario más influido por los relatos de los demás que por sus propios recuerdos, y celebra: “estoy contento porque volví a nacer”.
Algunas secuelas en el habla son, apenas, un detalle en el marco de un cuadro cuyo pronóstico inicial, nada favorable, dejaba poco lugar al optimismo.
Rodeado de sus hermanos, Alan reconstruyó el hecho –o lo que le contaron de él- y contó: “fui a jugar a la pelota, paramos y me caí, ahí un amigo me dice ‘dale, levantate’ y como no me levanté pensó cualquier cosa, ahí llaman a la ambulancia y me hacen respiración boca a boca”.
Desde el momento de la descompensación hasta que despertó en el hospital, no tiene “recuerdos. “Desde que me desmayé no me acuerdo de nada, me desperté en el hospital y no entendía nada”, relató.
Feliz por haber vuelto a casa, asegura que le agradeció a Dios la nueva oportunidad y le agradece a sus amigos porque “siempre me vienen a ver”.
Si algo aprendió en este mes es a que no existen los imposibles. Por eso, no va con chiquitas a la hora de pedir deseos. Fanático de la cantante tropical Karina “La Princesita”, a quien nunca tuvo la suerte de ver en vivo, afirma: “mi sueño es conocerla”. En el mismo orden de prioridades, impulsado por su fanatismo por el equipo azul y oro, agrega: “y a los jugadores de Boca”.
Ayuda
“Con esto quisiera dar el mensaje de que Dios hace milagros”, afirmó Soledad Muñoz, madre de Alan y de otros seis hijos. Está feliz por la recuperación del adolescente y conciente de que deberá afrontar un riguroso tratamiento de rehabilitación para recuperarse.
Alan tiene por delante la misión de volver a recuperar el habla por completo y volver a aprender los conceptos y palabras que se borraron de su cerebro cuando estuvo largos minutos sin recibir oxígeno.
En el medio, su madre tiene que afrontar una complicada situación económica. Beneficiaria de la pensión por ser madre de siete hijos, es el único sostén del hogar que comparte con cinco de sus hijos.
Por este motivo, añora conseguir un trabajo que le otorgue un poco de oxígeno a su apretada economía. “No quiero ayuda, quiero trabajo, de cualquier cosa, por lo menos cuatro horas puedo trabajar mientras una de mis hijas cuida a Alan”, manifestó.
Del mismo modo, añora poder cumplir el sueño de Alan de conocer a la cantante Karina o a alguno de los jugadores del plantel de Boca. No obstante, en medio de los anhelos no olvida los agradecimientos: “a Dios, por hacer el milagro, a los médicos, por la preocupación y por salvarle la vida a mi hijo y al intendente (Humberto Zúccaro) por hacerse cargo de la operación”.
Una recuperación milagrosa
Alan Muñoz terminaba de jugar al fútbol con sus amigos en una cancha del barrio El Bosque cuando sufrió una muerte súbita a causa de una taquicardia ventricular nunca diagnosticada que le produjo una fibrilación ventricular.
Entre maniobras de reanimación, sus amigos llamaron a la ambulancia que lo trasladó al hospital Juan Sanguinetti donde llegó sin signos vitales.
Tras 20 minutos de maniobras de reanimación por parte del equipo de guardia encabezados por la médica Rosana Beláustegui, lograron estabilizarlo.
Desde entonces, permaneció internado en el hospital Sanguinetti hasta que 20 días después fue intervenido quirúrgicamente en una clínica de San Miguel donde le fue colocado un cardiodesfibrilador automático implantable (CPI), dispositivo que se introduce debajo de la piel conectado al corazón que controla si se producen alteraciones del ritmo cardíaco, en cuyo caso las trata de forma automática.
Según los médicos, el dispositivo que le fue colocado le permitirá llevar una vida normal. El costo de la operación y del aparato fue afrontado por la Municipalidad de Pilar.
De a poco, Alan fue recuperando movilidad, comenzó a alimentarse y, con algunas dificultades que irá superando con rehabilitación, volvió a hablar. El último viernes, el joven de los inmensos ojos celestes que un tiempo antes había abandonado sus estudios con la intención de ponerse a trabajar, volvió a su casa.
La frase
“Con esto quisiera dar el mensaje de que Dios hace milagros”, Soledad Muñoz. Madre de Alan.
