por Diego Schejtman [email protected]
Tras más de 12 de años de lucha para que el crimen de su hija, Gisela Vallejo, no quedara impune, Susana Aguiar está dispuesta a dar la que, anticipa, será su última batalla.
En las próximas semanas, piensa instalarse en la vereda del edificio donde funciona la sala 3ª del Tribunal de Casación Penal bonaerense, en la ciudad de La Plata, en reclamo de que ese organismo finalmente deje firme la condena a la que fue sometido en primera instancia Ariel Leiva, el autor del asesinato de Gisela.
En diálogo con El Diario, Aguiar admitió que sabe que su pelea no tendrá resultados concretos. No impedirá, por caso, que Leiva siga gozando de la libertad anticipada que le fue otorgada en mayo del año pasado. Ni siquiera evitará la extinción de la acción penal, que por los plazos procesales, se producirá el año que viene.
Sin embargo, aseguró que no está dispuesta a bajar los brazos sin que, al menos, la causa judicial que fue uno de los ejes de su vida desde hace más de una década tenga una sentencia firme.
Veterana de mil batallas, Aguiar sabe que una madre convencida de su reclamo puede pesar más en el ánimo de los jueces que mil escritos sellados en tribunales. Por eso, su apelación a los jueces Víctor Horacio Violini, Ricardo Borinsky y Karina Andrea Echenique no será una presentación letrada sino su propio cuerpo sentado en la puerta del edificio de la calle 7, entre 56 y 57 de La Plata.
Fin del camino
Aguiar todavía no tiene fecha para su próxima pelea. Sabe, sin embargo, que será antes de que los fríos del invierno se conviertan en un obstáculo. “Tengo 51 años y la espalda ya no es la de antes”, dice, como justificándose.
Su espalda dolorida es la que la mantuvo en pie en las decenas de marchas que encabezó –a veces al frente de una multitud, otras casi en soledad-, recorriendo las calles del centro de la ciudad para exigir a la Justicia que encontrase al culpable. O trajinando los pasillos de tribunales, donde le tocó revivir en el juicio lo que ninguna madre está preparada para saber.
En ese tiempo, aprendió también a desconfiar de la Justicia, que primero tardó cuatro años en encontrar al culpable –tras tener a un inocente tras las rejas- y luego lo liberó tras 8 años de prisión, a 6 de haber sido condenado a 14 años de cárcel.
Aguiar está convencida de que si Casación no se hubiera tomado 6 años para dejar firme la sentencia, Leiva aún estaría preso.
“Aún la sentencia no está firme y el año que viene la causa prescribirá. La Cámara de Casación mira para otro lado; eso es el Poder Judicial en la Provincia: vergonzante. El asesino disfruta de la vida desde el 22 de mayo del 2012”, escribió Aguiar en su cuenta de la red social Facebook.
En este tiempo, la madre de Gisela ni quiera tuvo acceso a una copia completa de la causa por el crimen de su hija. Y aunque prefiere no conocer detalles de la vida en libertad del asesino, está segura que “nadie lo controla”.
“No hay más de 50 agentes del patronato de liberados. Y encima lo liberaron bajo caución juratoria, una promesa de que se va aportar bien”, dijo Aguiar.
Por eso, espera que “algún día alguien cambie algo en la Justicia. Yo ya no lo voy a ver, pero al menos que lo vean mis nietos. Para eso hace falta solamente decisión política”, dijo.
Mientras tanto, ella seguirá aportando lo suyo para lograr ese cambio: su propio cuerpo como instrumento de lucha. Luego, promete, llegarán los años de reposo junto a su familia. Y al recuerdo que la va a acompañar mientras viva.
“No molestar”
Este mensaje fue publicado ayer por Susana Aguiar en Facebook. Está dirigido a su hija, Gisela Vallejo, asesinada en el 2000: “Te amo Gi y no importa el tiempo que me lleve, haré todo y más para que la sentencia quede firme. Sabés que mamá ha recorrido un largo camino, pero no dejaré que sea en vano. Volveré e intentaré ser escuchada, por eso me da tristeza cómo engañan a las personas dando cátedra de lo que nunca harán. Las marchas sirven, porque les molestan, son como una espina en su zapato. Yo por eso en algún momento me iré a instalar a la vereda de la Cámara de Casación, porque no puede ser que el asesino esté libre y la sentencia no esté firme. Por eso, hija, te prometo no detenerme; deben trabajar, si no, para que cobran sueldo, manga de corruptos. Poder judicial duerme, no molestar”.
En el 2000
El crimen que conmovió a Pilar
La noche del 26 de noviembre de 2000, la joven Gisella Vallejo, de 18 años, no volvió a su casa tras haber salido a bailar con amigas. Al día siguiente, sus familiares y compañeros del colegio Almafuerte se movilizaron para buscarla y exigir a la policía que hiciera lo mismo.
Sin embargo, recién 10 días más tarde su cuerpo apareció en un descampado, a no más de cinco cuadras de la comisaría.
Por el crimen, un remisero pasó dos años en prisión pero resultó ser inocente. En el 2004, una mujer confesaría que en realidad su novio, Ariel Leiva, había asesinado a Gisella.
“Se me metió el diablo en el cuerpo”, fue la excusa del asesino cuyando confesó su crimen.
Leiva fue detenido en 2004 y condenado en 2006 a 14 años de prisión por el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 6 de San Isidro.
El 22 de mayo del 2012, con la sentencia aún esperando la confirmación de Casación –que nunca llegó-, la Justicia decidió darle la libertad.
