Crece el analfabetismo entre los tobas y 30 niños no van al colegio

Chicos de entre 5 y 16 años no tienen vacantes en escuelas cercanas. Para concurrir al colegio deben tomarse dos colectivos y la mayoría termina desertando. Piden que se abra un anexo escolar en el barrio.

17 de marzo de 2013 - 00:00

 

por Celeste Lafourcade [email protected]

 

A menos de 10 kilómetros del epicentro del desarrollo y la explosión comercial de Pilar, más de 30 chicos en edad escolar no concurren al colegio. La situación data desde el 2012 y se profundizó este año debido a la falta de vacantes en las escuelas cercanas. Son niños de la comunidad Toba que, al igual que sus padres, crecen y viven al margen de una sociedad que apenas los mira de reojo.

Cinco de los diez hijos de Ana Medrano no irán al colegio en 2013, tampoco lo hicieron el año pasado. Cuatro de ellos deberían concurrir al nivel primario y el más chico al jardín, pero la falta de oportunidades los dejó al margen de la escolaridad.

Para Estela Acosta, la situación es más o menos similar. Tres de sus chicos de 12, 9 y 7 años no están escolarizados.

El panorama se repite en la mayoría de las 42 familias –cada una de ellas en promedio tiene 8 integrantes- que viven en la comunidad toba Daviaxaiqui asentada en Presidente Derqui, casi en el límite con el partido de José C. Paz.

Respaldados por instituciones, ayudas privadas y escasos apoyos estatales, el principal ingreso de cada vivienda proviene de la venta de artesanías.

 

Sin vacantes

Varios de los niños de la comunidad concurren a la escuela privada Santa Ana gracias al aporte de la fundación que encabeza el exrugbier Agustín Pichot, que se hace cargo de las cuotas. Pero la imposibilidad de las familias de pagar la inscripción (no está incluida en la colaboración de la entidad) los dejó afuera del colegio.

Por otra parte, las escuelas estatales cercanas a la comunidad –la EPB Nº 11 y la E.P.B Nº 27- no cuentan con vacantes para recibir a los aproximadamente 35 chicos que al día de hoy están a la deriva.

“Traté de inscribirlos el año pasado en los dos colegios y me dijeron que los anotaban en lista de espera pero al final no hubo lugar”, explicó Medrano a El Diario, cuyos hijos debieron dejar la escuela Santa Ana por la imposibilidad de pagar las inscripciones.

La opción para los chicos sin cupos se reduce a las escuelas 15 y 20. Sin embargo, la distancia que separa a la comunidad de estos establecimientos y que obliga a los niños a tomarse dos colectivos, termina con la deserción escolar.

Ese fue el caso de los hijos de Acosta –y del resto de las familias en general- que, como describió la mujer: “el año pasado empezaron pero terminaron abandonando, son chicos muy chicos para tomarse dos colectivos y nosotros a veces no podemos acompañarlos, este año empezaron pero va a pasar lo mismo”.

La limitación económica así como la necesidad de ocuparse del resto de sus niños menores es lo que impide que las madres puedan tomar cuatro colectivos diarios para que sus hijos concurran al colegio.

 

Analfabetismo

De acuerdo al relevamiento realizado por la estudiante avanzada de Antropología Sonia Sarra, que como marco de sus tesis de grado se encuentra conviviendo con los tobas en su comunidad, debido a las dificultades para acceder al colegio hay numerosos chicos de hasta 9 y 10 años de Daviaxaiqui que no están alfabetizados.

Ante la imposibilidad de enviarlos al colegio, varios de los padres intentan zanjar el déficit con una instrucción doméstica básica, que no resulta suficiente para colocar a sus hijos a la par de los niños sí escolarizados. “A veces les doy libros para que lean pero otra cosa no podemos hacer”, explicó Medrano que por ser beneficiaria de la pensión para madres de siete niños no cobra la asignación universal por hijo que tiene como requisito la escolaridad de los menores. Situación semejante es la de Acosta, que cobra una pensión por discapacidad.

 

Soluciones

Ante esta situación, las representantes de la comunidad le enviaron una carta al intendente Humberto Zúccaro con el propósito de que por su intermedio se disponga la creación de un anexo escolar en el barrio.

“Nuestra propuesta es que se establezca un anexo escolar en nuestro centro comunitario. El mismo consta de las instalaciones necesarias para tal fin: tres aulas (de las cuales una funciona como biblioteca y dispone de computadoras) una sala médica, dos baños y un espacio de recreación techado”, describen en la misiva en la que solicitan, además, “la disponibilidad de dos docentes para la enseñanza de la comunidad”.

En este sentido, aunque la educación impartida en dicho lugar no sea reconocida oficialmente, al menos será útil para que los niños no sigan perdiendo años de alfabetización. “Hay chicos de distintas edades que están en el mismo nivel, se los puede agrupar y darles clases a todos juntos”, propuso Sarra.

No obstante, conciente de que esta opción podría ser viable en el mediano o largo plazo y contemplando la urgencia del tema, solicitan que al menos se abran vacantes en los colegios cercanos a la comunidad.

 

 

18 años creciendo en el olvido  

La comunidad toba Daviaxaiqui llegó a Derqui en 1995  luego de constituirse la organización civil homónima, que nucleaba a varias familias provenientes de distintas localidades y asentamientos del Gran Buenos Aires.

Las tierras fueron donadas por el Obispado de Morón bajo el rótulo de “reparación histórica”.

Originalmente, la comunidad proviene del la Provincia del Chaco. Su actividad económica principal en Derqui es la venta de artesanías. En el centro comunitario del barrio cuentan con una biblioteca que contiene textos en idioma qom con la intención de preservar el lenguaje en los niños.

 

 

35

chicos de entre 5 y 16 años no concurren al colegio en la comunidad toba. Varios de ellos tampoco asistieron el año pasado.

 

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar