por Celeste Lafourcade
Pesadilla de los tatuadores y furor entre los jóvenes, inscribirse nombres, frases y palabras es una tendencia que crece. Con un pie en el arte y otro en la estética, los tatuajes también son víctimas de la moda, que en este caso lleva recordar en la piel mensajes esperanzadores, de lucha o de amor.
Letra cursiva, de cuerpo pequeño, en castellano o en inglés y en zonas hasta entonces poco explotadas para los tattoos. Esas características cumplen a rajatabla los tatuajes que se popularizaron de la mano de modelos, actrices y cantantes y que hoy son fuente de inspiración también para los pilarenses.
“Tenemos muchísimos pedidos de ese tipo, traen su frase, en castellano, inglés y a veces elfo que es el lenguaje del Señor de los Anillos”, afirmó Alberto Ceja, propietario de la casa de tatuajes “El Ritual” ubicada sobre Bolívar al 500.
“En su mayoría son mujeres las que piden frases”, aclaró el hombre no sin antes aportar una cuota de sinceridad: “A ningún tatuador le gusta tatuar frases porque estamos muy limitados, no nos podemos explayar artísticamente”.
María Eugenia Suárez, Calu Rivero, Celeste Cid y Juana Viale son los íconos en lo que a tatuajes se refiere. “Vienen y me dicen ‘quiero el tatuaje que tiene tal chica’ y a veces no saben ni siquiera qué es o qué dice”, comentó el tatuador.
Para los hombres, Marcelo Tinelli –no ya por alguna frase sino por sus tattoos “manga” en ambos brazos- es el referente indiscutido. “Es impresionante –aseguró- la cantidad de gente que vino por el tatuaje de Tinelli”.
Fragmentos de canciones, frases populares, otras inventadas, palabras fuertes, el nombre de los hijos y en menor medida el de la pareja, son las elecciones más recurrentes.
Primera persona
“Nunca rendirse”, sentencia la muñeca de Zulema Pedraza, de 25 años. La frase convive en su cuerpo con alrededor de otros 20 tatuajes (ya perdió la cuenta) que se acomodan en las pantorrillas, los brazos en toda su extensión, las rodillas, el pecho, la espalda y la panza.
El primero, para el que venía contando los días desde chica, fue a los 15 años. Por pedido de sus padres fue “discreto”. El pequeño gatito que quedó sellado en la panza fue suficiente para comprobar lo que le había advertido un amigo: “mirá que son adictivos”. Ya era tarde, el camino de ida ya había arrancado.
Con los años, los tatuajes se convirtieron en un hobbie que hoy desarrolla a pedido en los cuerpos de sus amigos y allegados. “Pero no podría dedicarme a esto porque no podría hacer algo que no me gusta”, aseguró. Su trabajo, en realidad, transcurre en una empresa de Del Viso como secretaria del gerente.
Sobre la moda de tatuarse palabras, reconoció que son un “boom” como en su momento lo fueron las letras chinas. “Lo que pasa es que antes se tatuaban cosas que no entendían, ahora las frases son en castellano o en inglés, la mayoría de la gente pide eso, pero es una tendencia que puede ser tan pasajera como otra cosa”, advirtió.
Como cultora genuina del arte sobre la piel, mira de reojo las modas que llegan y se van con la misma rapidez.
“La gente no es original, quizás vienen tres amigas y las tres quieren tatuarse la misma frase por eso yo no podría dedicarme profesionalmente”, insistió.
En cuanto a las zonas elegidas, coincidió que las frases tienden a escapar de los lugares popularizados años atrás como omóplato, hombro o baja espalda. Las palabras habitan ahora en muñecas, antebrazos, dedos y costillas.
Aceptación
Cada vez más populares y aceptados, los tatuajes dejaron poco a poco su estigma de marginales. “Tatué políticos, médicos, empresarios y hasta curas”, aseguró Ceja que cuenta entre sus clientes a una señora de 80 años.
En los últimos años los tatuajes dejaron de ser patrimonio de los adolescentes. Según Ceja, “el 80% de los que se acercan tienen más de 30 años y los de 40 para arriba están a full, los jóvenes siempre están pero me llama la atención el furor entre la gente grande”.
En coincidencia, por propia experiencia Pedraza asegura que sus tatuajes “nunca fueron un impedimento en mi trabajo”, en el que ascendió hasta llegar al puesto que ocupa en la actualidad. De todos modos, reconoció que la mirada social carga con algo de prejuicio: “la gente me mira en la calle con preocupación, como si estuviera enferma, ni se deben imaginar que soy secretaria de una gerencia, que tengo un trabajo normal”.
En plena temporada alta de trabajo, Ceja –aún sin encontrarle explicación- asegura que “es impresionante la cantidad de gente que viene el 24 de diciembre a tatuarse, llega el verano y la gente se acuerda de mostrar más el cuerpo”.
Entre modas, contagio y tendencias, los tatuadores defienden su estatus de artistas. Plasmado sobre la piel, a veces consensuado con quien lo pide, pero arte al fin, el tatuaje es para quien lo produce una forma de expresión. “Está bueno cuando alguien viene con una idea y vos sobre eso vas creando, el año pasado dos veces me hicieron firmarlo y fue una emoción muy grande para mi”, recordó el tatuador.
Los piercings cada vez más osados
La moda de perforarse la piel también sigue creciendo y sofisticándose. Desde los clásicos aros en el ombligo o la ceja, hoy la tendencia lleva las perforaciones a las mejillas –al estilo de los integrantes de la banda “Los Wachiturros”- y a los genitales.
Sobre este punto, el tatuador Alberto Ceja asegura que “las que más se animan son las mujeres, un montón de mujeres grandes vienen a colocarse piercings en los genitales”.
Pasiones
El Gauchito Gil y River, primeros indiscutidos
Ni las modas, ni las ocasionales conquistas deportivas ni las bandas musicales han conseguido destronarlo. Líder indiscutido de las preferencias de los pilarenses, la imagen del Gauchito Antonio Gil se inmortaliza al menos cuatro veces por semana en la casa de tatuajes “El Ritual”. “Es el más pedido, sin dudas”, asegura su propietario, Alberto Ceja.
Si de futbol se trata, los hinchas de River parecen ser los más fieles. “Cuando se fue al descenso fue impresionante la cantidad de gente que vino a tatuarse el escudo de River”, recordó el hombre y agregó que “es lejos el equipo que más me piden, por lo menos dos o tres veces por semana viene alguien a tatuarse algo de River”. En segundo lugar se ubican los hinchas de Racing e Independiente y muy por debajo los de Boca.
Messi también empezó a asomar en la piel de los pilarenses con alguna firma o la inscripción de su nombre, aunque Ceja estima que el estallido va a llegar en vísperas del mundial 2014.
Las caras, en cambio, marcan el límite del tatuador. “Yo no me las haría, me parece muy fuerte llevar la cara de alguien, por eso no las hago”, aclara, del mismo modo que también lo es la edad de los interesados: “los menores si vienen con sus padres se pueden tatuar pero si yo veo que están muy poco desarrollados, no los tatúo”.
Para Zulema Pedraza, tatuadora vocacional, además de las frases, la moda entre las mujeres ahora pasa por “las cruces y los buhos”. “Son una moda –afirma- como lo fue la iguana de la cerveza algunos veranos atrás”.
