El mejor amigo del hombre, también en los momentos difíciles

K-9 es una brigada muy especial de los bomberos. Está compuesta por perros de búsqueda y rescate de personas. En esta nota, cómo se los prepara y los altos niveles de eficiencia.

1 de abril de 2012 - 00:00

 

El juego principal vía para la enseñanza de los perros.  

 

por Matías Saavedra [email protected]

 

Cerca de 20 bomberos de distintos cuarteles de la Zona Norte, que conforman la brigada de búsqueda y rescate K-9, se reúnen cada 15 días para que, ante la mirada del instructor canino José María Esnaola, sus perros se perfeccionen en diversas actividades vinculadas a la tarea de rescate de personas.

Así lo hicieron en la mañana de ayer en el campus de la Universidad del Salvador (USAL). Desde las 7, los dueños de los 7 canes avanzados y los 9 cachorros, compartieron hasta pasado el mediodía ejercicios junto a sus mascotas. De la actividad participaron bomberos de Pilar, San Antonio de Areco, José C. Paz, Escobar, Los Cardales, Capitán Sarmiento, San Andrés de Giles, Ingeniero Maschwitz, Hurlingham y Almirante Brown. Todos volcados a la tarea de rescate, pero por sobre todas las cosas, amantes de los perros.

Es que estos animales que varían entre labradores, ovejeros alemanes, un dálmata y varios mestizos, tienen una función específica dentro del cuerpo de bomberos: son rescatistas de personas y rastreadores de cadáveres.

 

Aprender jugando

A lo lejos se oyen gritos, pero ni un solo ladrido. Es un grupo de bomberos que realiza ejercicios junto a sus perros al grito de “¡sit!” y “¡quedate!”. Al breve instante viene la recompensa de la mano de un “¡muy bien!”, una palmada en el pecho y el juguete preferido del animal. Algo así como una lección del psicólogo Pavlov, para fines más que útiles.

A pesar de las complejas tecnologías que avanzan a pasos agigantados, el sistema de GPS y otros dispositivos para la búsqueda de personas, los perros siguen siendo la mejor herramienta para encontrar tanto a personas con vida como a cadáveres.

“La base de todo trabajo es el juego y el premio. Cuando el animal encuentra, se le da el juguete”, señaló Leonardo Silva, bombero voluntario de Pilar y además dueño de Almendra, una perra mestiza con rasgos de Golden Retriever, que ya ha terminado sus ejercicios para jugar con una rama en el lago del campus de la universidad junto a Morena, la perrita de José Luis Sceppacuercia, bombero voluntario de San Antonio de Areco.

“Desde chicos se les enseña lo que es el juego, hasta que se incorporó bien y empieza a esconderse uno. Cuando encuentra, se le da su juguete”, mencionó Silva.

En otro sector del predio, el instructor José María Esnaola, de San Antonio de Areco, trabaja en la tarea de “socialización” de 4 perros que están más avanzados que otros, que están dando sus primeros pasos en la actividad. “No puede comprometerse uno a ir con su perro a un lugar si no se lo puede controlar frente a otras personas u otros perros”, dice Pepe a El Diario.

A metros de allí, su hijo les habla a otros bomberos que han traído a sus perros para que dentro de unos años estén participando de las tareas de rescate. Son los menos experimentados, que en algunos meses comenzarán a hacerle caso a su amo, para que luego puedan ser utilizados dentro del cuerpo de bomberos.

La última de las tareas que se realiza en el lugar es la del reconocimiento del hábitat acuático. “Es para que el animal se vaya adaptando a la escenografía para casos en los que se busca a la persona en lagos y ríos”, cuenta uno de los bomberos que participaron de la actividad sobre el bote de los bomberos de Pilar.

 

Certificaciones oficiales

Si bien la actividad de ayer fue gratuita y los instructores trabajaron ad honorem, certificar a los perros para que puedan participar de las tareas de rescate junto a los bomberos, cuesta dinero. Es que para poder lograr la certificación se requiere pasar un examen. Esta prueba a su vez demanda de un entrenamiento de cinco días que tiene un valor de 200 dólares.

“Se trabaja con el perro desde la mañana hasta la noche”, cuenta el instructor oficializado. “Si quieren realizar la prueba para certificar al animal, sale 50 dólares más”, continúa el dueño de Camila, la única perra de la brigada con varias certificaciones internacionales.

Aunque la brigada en la actualidad cuenta con 8 perros entre los que se dedican puramente a la búsqueda de personas con vida y los que se llaman versátiles, que rastrean también cadáveres, para fin de año contarán con al menos 4 animales más.

 

 

 

26

Búsquedas ya tuvo la brigada K-9 desde su creación.

 

 

 

En la USAL se realizó ayer un día de capacitación.

 

 

Uno de los animales de la brigada junto a su dueño.

 

 

 

Caso Candela

 

En agosto pasado, los perros de la brigada provincial de búsqueda y rescate K-9 participaron del rastrillaje para dar con el paradero de Candela Rodríguez, la nena de 11 años que desapareció en Hurlingham y que fue hallada sin vida nueve días más tarde en Villa Tesei.

Durante la pesquisa, los 8 perros formaron parte del grupo de los 16 que trabajaron en la búsqueda. Dos de ellos fueron Daysi Chocolata y Almendra, los perros de Sergio Arce y Leonardo Silva, bomberos voluntarios de Pilar. La brigada ha participado en 26 búsquedas reales en lo que va de su corta vida.

 

 

La palabra del instructor
“La gente descree hasta que los ve en acción”

 

José María Esnaola es el instructor de la brigada de rescate y búsqueda K-9 de la Provincia de Buenos Aires. De joven comenzó a trabajar en la tarea de adiestramiento de perros para seguridad, disciplina, compañía y vigilancia. Pero nunca creyó que terminaría instruyendo perros para rescatar personas.

“En 2005 me convocaron de los bomberos de San Antonio de Areco para preparar un perro de rescate”, confesó el hombre sobre aquella primera experiencia. “Yo tenía muchos años de perrero y creía que las sabía a todas. Pero de esto siempre se aprende”, le dijo a El Diario.

“La búsqueda de cadáveres en el país no era conocida. Fue un desafío muy grande”, mencionó el instructor sobre la difícil tarea de preparar perros para que se dediquen a la tarea de buscar personas sin vida a partir del aroma real.

El hombre contó que el trabajo para iniciar los ejercicios de búsqueda es muy difícil. Para esto, debe conseguirse restos del cuerpo de una persona fallecida, que generalmente se encuentran en la morgue judicial.

“Se lo descompone, se le tira gasas adentro de un gran frasco y con agua se lo multiplica para que podamos trabajar”, señaló el instructor de la brigada K-9. “Lo cuidamos como oro en un frasco”, concluyó sobre el único método para este tipo de rastrillaje.

Pepe también mencionó que de a poco se está comenzando a ver sin recelo el uso de perros para estas tareas. “La gente descree hasta que los ve en acción cuando encuentran cuerpos”, indicó el adiestrador. A su vez, contó que en la actualidad se utilizan incluso para buscar dólares.

 

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