Por Celeste Lafourcade
Por Celeste Lafourcade
Sonríe, baja la mirada, se frota las manos. A Esteban Edgardo Castillo lo pone nervioso el mote de “héroe”. No cree que sea para tanto, pero tiene conciencia de la dimensión de su reacción la noche en la que venció esa mezcla de asombro y miedo que lo paralizó un segundo, para rescatar a “Ramoncito”.
Tímido y de pocas palabras, el joven de 20 años vive en el barrio Carumbé de Manuel Alberti, junto a su papá Néstor, su mamá Norma y sus cuatro hermanos: Micaela de18, Rocío de 14, Milagros de 9 y Damián de 7.
Allí trabaja como chapista, se la rebusca como mecánico y si hace falta, le da una mano a su mamá en la verdulería que funciona en la galería de su casa.
Seis cuadras separan a la vivienda de la estación de trenes, casi la misma distancia que mantiene con el santuario del Gauchito Gil donde a última hora del viernes 12 de octubre una mujer abandonó a su bebé de sólo dos meses.
“Yo escuché que la criatura lloraba mucho, con mucho dolor parece y me acerqué. Estaba tirado boca abajo, todo envuelto con dos mantitas. Sin pensarlo, lo levanté, traté de arrullarlo para que no llorara más y salí corriendo”, relataba por entonces el joven.
Dos meses después, en una charla con El Diario, Esteban recordó el momento en el que sacó chapa de “héroe” para salvarle la vida al pequeño.
-¿Qué recordás de esa noche?
- Yo volvía de la casa de un amigo, pasé por ahí y lo encontré tirado.
-¿Viste el momento en el que la mamá lo tiró?
- Sí, la estaban matando a piñas. El marido le estaba pegando y ella tiró el bebé al piso y se fue rápido con otro nene que tenía, chiquito, por la calle Independencia.
-A vos ¿qué te pasó en ese momento?
- Pasé por ahí lo agarré y caminé seis cuadras, vine para casa y me lo llevé a la comisaría con mi mamá. Me dio lástima el bebé que estaba llorando, yo quería llorar también.
Rescate
Su experiencia como hermano mayor le jugó favor. La responsabilidad que otro chico de su edad hubiera evadido, él la asumió con creces. También lo ayudó la oscuridad: “parece que ella no me vio porque estaba oscuro”, relató.
De lo que no tiene dudas es de que hizo lo correcto: “no podía dejarlo tirado ahí”, afirmó antes de asegurar que, si volviera a presentarse la oportunidad, actuaría de la misma manera.
Con el apoyo incondicional de su mamá, Esteban llegó a la comisaría 4ª de la localidad donde le entregó el bebé a la oficial Celeste Izaguirre de 32 años, que se encontraba de servicio en la dependencia.
La mujer se hizo cargo del niño mientras el resto de sus compañeros de la dependencia se ocuparon de conseguir lo necesario para alimentarlo y limpiarlo, teniendo en cuenta las pésimas condiciones de higiene del bebé, bautizado provisoriamente como “Ramoncito”.
Su pañal no había sido cambiado en horas y presentaba serias paspaduras. Así, el pequeño fue trasladado al hospital Federico Falcón de Del Viso donde se constataron sus buenas condiciones generales de salud y permaneció internado sin que nadie se presentara a reclamarlo.
Hubo lágrimas entre los policías al momento de entregar al hospital al bebé que plácidamente permaneció dormido en los brazos de la oficial.
-¿Qué te dijo tu familia?
- Mi mamá estaba contenta por lo que hice, me ayudó a llevarlo a la comisaría y entregarlo.
-¿Te sentiste un héroe?
- Más o menos (risas).
Reencuentro
Poco se supo de la madre después del episodio. Todavía resuena en la cabeza de Esteban la frase lapidaria que pronunció antes de arrojar a su hijo al piso, mirar para los costados y salir corriendo: “este pendejo me tiene podrida”.
Si bien fue identificada por los investigadores, serios problemas de adicciones le habrían impedido a la mujer hacerse cargo del bebé que por disposición de
Sin embargo, el paradero de “Ramoncito” hoy es una incógnita para Esteban que sigue esperanzado en volver a verlo. Asegura que el bebé ya no está con su familia y que la denuncia policial que pesó sobre la madre le valió la enemistad con ellos, también vecinos del barrio. .
-¿Supiste algo más del bebé?
-No supe más nada, no me quisieron decir más nada. La abuela me tiene bronca, no me quiere ver. A la mamá no la vi más.
-¿Conocías a la familia?
- Sí, los conocía. No se por qué se enojaron conmigo. Debe ser porque se hizo una denuncia por el abandono. Ahora el bebé no se dónde está, con la abuela no está. Me parece que está en Pilar con otra familia.
-¿Te gustaría volver a verlo?
- Sí, me gustaría. Saber qué pasa con él y cómo está.
