Un tendal de bolsas con olor a ropa limpia, cada una con su correspondiente etiqueta, esperan por sus dueños en “Tu lavadero” ubicado en Chacabuco y Tucumán. La contracara de la historia de los lavaderos de autos es la que ofrecen las lavanderías donde los lavarropas y las planchas no dan abasto para suplir la tarea que el sol dejó de hacer hace rato.
Elda, propietaria del lugar, asegura que “somos un montón los que trabajamos” para dar respuesta a la demanda que no para de crecer.
Acostumbrada a las frases como “no se seca la ropa”, afirma que la gente llega “quejándose porque no sale el sol y se les acumula todo”. En este caso, la peor parte se la llevan las madres de familias numerosas: “los chicos se ensucian mucho y en Pilar todavía hay mucho barro”.
Los hombres solos componen el resto de la clientela habitual de la lavandería aunque en este grupo la demanda se mantiene constante durante todo el año.
De todos modos, el incremento de las lluvias no tomó por sorpresa a los responsables del lugar que aseguran que el trabajo no distó demasiado de lo que históricamente sucede todos los inviernos, temporada alta para el rubro. “Tratamos de que no se nos acumule y de cumplir con los pedidos de un día para otro”, asegura la propietaria.

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