Una figura venerada de la cultura popular llega a la novela

14 de agosto de 2011 - 00:00

 

El Gauchito Gil es venerado en buena parte del país.

 

 

La historia de Antonio Mamerto Gil Núñez, conocido como el Gauchito Gil, cuya memoria perdura a través de la fe de centenares de miles de personas que se dan cita todos los 8 de enero en el santuario ubicado en el cruce de las rutas 123 y 119, a 8 kilómetros de la ciudad correntina de Mercedes, es recreada desde la ficción en «El retobado», de Orlando Van Bredam.

Convertido en una leyenda, la figura del gauchito  llamó la atención de Van Bredam  cuando viajaba en 1992 desde el Colorado, en Formosa, hasta Gualeguaychú.

«El auto se descompuso en los alrededores de Mercedes  justo frente a donde lo mataron al gauchito y allí se levantó el santuario. Me tuve que quedar dos días y fue entonces cuando los vecinos me contaron su historia», apunta el autor en una entrevista con Télam.

«Cada año que pasaba por ahí me quedaba algún tiempo para obtener más datos -recuerda- como una fuente escrita anónima que se encuentra en el museo y múltiples versiones de los mercedinos».

Así fue como entrevistó a una biznieta de Dolores Inaldo, que fue una de las amantes de este personaje -considerado por muchos como un santo-, allá en el último cuarto del siglo XIX y en un lapso de ocho años recogió todo lo que pudo. «Pero hay tantas versiones y contradicciones que yo jugué a través de esta novela a poner lo que sabía y también lo que sospechaba».

Para Van Bredam, «el Gauchito es un personaje que tiene que ver más con lo mítico que con la historia, por eso el carácter ficcional de este libro. Aunque a mí me interesa más como héroe que como santo».

«Las coincidencias sobre el gauchito se podrían resumir en  una página y en lo que sí todos acuerdan que es el día de su muerte, un 8 de enero, cuando fue colgado cabeza abajo -no se sabe si de un algarrobo o un espinillo- para ser degollado como un cordero. El año es impreciso, se puede afirmar que el hecho ocurrió entre 1853 y 1870», menciona el investigador.

Parte del mito, analiza el escritor, tiene que ver con su  juventud, «no debió tener más de 25 años cuando lo mataron y el hecho de haber sido en ese momento la voz de los que no tenían voz».

Otro elemento clave es el acto de injusticia que se comete  con él. «Fue detenido, denunciado por los estancieros del lugar como alguien que robaba para darle a los pobres. Esto no era así, porque lo que hizo fue recuperar una pequeña parcela de tierra a unos paisanos. Era un justiciero popular», define.

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