Daniel Riba junto a algunas de sus creaciones. Las veletas adornan su casa de la calle Lauría.
por Celeste Lafourcade
“El profe”, así le dicen a Daniel Riba, el hombre que despierta la curiosidad del barrio Tropiano. Es oriundo de Río Gallegos y desde allí trajo la idea que adorna su techo, y ahora el de muchos otros. Por su casa de la calle Lauría y Camilo Costa, se detienen todos los días decenas de vecinos atraídos por los coloridos muñecos que agitan hélices de todo tamaño y color.
Inspirado en los vientos del sur, y aprovechando sus conocimientos sobre la plástica –es profesor de Bellas Artes-, Riba realizó su primera veleta animada en el año 2000 sin pensar que el simpático artefacto, de especial valor emocional para él, se convertiría en un llamador que terminaría destinándole una ocupación impensada.
Un soldado, inspirado en su pasado como ex combatiente de Malvinas sobre el que no quiere profundizar, fue el primer personaje convertido en veleta que realizó con sus propias manos hace 10 años y que el propietario define como “innegociable”.
Para el creador, no hay dinero que pague esa obra de arte, “una réplica de un soldado de infantería con un fusil igual al que se usaba en Malvinas”, como él mismo explicó. Como curiosidad, la bandera argentina que acompaña al soldado tiene tantas estrellas como provincias. “En Argentina tendríamos que tener estados independientes y así se arreglarían muchas cosas”, deslizó el artista.
La insistencia de quienes pasaban por la puerta preguntando por la afamada veleta, llevó a Riba a probar suerte con la realización a pedido de otras tan o más vistosas que la original.
Muñecos de viento
Pasaron sólo algunos meses desde que se lanzó a esta nueva actividad entre comercial y artística, y asegura que ya son cerca de 100 las veletas que lleva realizadas.
La Chilindrina, el Chavo y hasta un complejo vehículo con personajes de Toy Story, adornan las alturas de su jardín. En el interior del galpón, Quico y Don Ramón, descansan a la espera de las pinceladas finales.
Un lobo, un demonio de Independiente, payasos, ancianos y caballos son otros de los motivos elegidos por Riba para los artefactos movidos por el viento.
Secretos hay muchos y el dominio que el profe tiene de ellos lo anima a afirmar que “no hay otra persona en el país que haga este tipo de veletas”.
La clave principal está en la articulación del muñeco, producto de una rigurosa mecánica que a la vista de los observadores produce el buscado efecto visual: que es la marioneta la que empuja la hélice y no al revés.
“Tuve que ponerme a estudiar física y aerodinámica”, contó el autor, que combinó esos conocimientos con los artísticos con los que ya contaba. Es que la creatividad puesta en las figuras es el segundo gran secreto. “El caballo –agregó- lleva 10 mini rulemanes, por ejemplo”.
Confeccionados con alambre, telgopor, tela, hierro, los muñecos son creados casi en forma total por Riba, a excepción de las cabezas, hechas con silicona.
En total, cada veleta animada puede llevarle entre dos y cinco meses de trabajo, condición que se refleja en los precios: unos 450 pesos promedio.
Retro
Al igual que los enanos de jardín, las veletas son objetos que volvieron a cobrar valor en los últimos años gracias a la nostalgia de los adultos y al empeño de la moda de revalorizar los objetos que tuvieron su auge a mediados del siglo XX.
“Como sucede con los barriletes, los adultos que llegan acá están más entusiasmados que los chicos”, afirmó Riba. En este sentido, destacó que “escuché historias insólitas, las veletas despiertan el corazón de niño de cada uno, a muchos les hace acordar a su casa de la infancia”.
Ese gusto por rememorar los antiguos patios familiares, a través de la decoración con figuras decorativas que hasta hace algunos años no hubieran encajado en los cánones de “buen gusto” impuestos por la modernidad, le dieron una popularidad inesperada a los personajes que en el techo de la prolija casa con aires sureños de la calle Lauría se encienden con cada viento mientras esperan por la llegada de un comprador.
