Películas contra la pared: los videoclubes y el arte de sobrevivir

Fueron sensación en los años 80 y los primeros 90. Pero las nuevas tendencias los han obligado a ir adaptándose. El largo camino del VHS al DVD. Los pioneros de un negocio que fue próspero.

17 de abril de 2011 - 00:00

 

Martín Simeoni: “Hay personas que no tienen acceso a esas tecnologías, pero obviamente el trabajo no es el mismo que hace 20 años.

 

 

por Alejandro Lafourcade  [email protected]

 

Como sobrevivientes de otros tiempos, en los que para ver una película en casa era necesario poner el cuerpo, los videoclubes de Pilar aún se las ingenian para continuar vigentes en un mundo en el que los últimos títulos pueden ser bajados en cualquier PC aún antes de su estreno en cine.

A pesar de que esta clase de emprendimientos siguen abriendo –pero orientados tanto a los DVD como a los juegos-, en el centro de Pilar conviven algunos comercios que abrieron sus puertas en las épocas de oro del alquiler de películas (en VHS, claro está).

Fiel exponente de la vieja guardia, en la avenida Tomás Márquez permanece en plena actividad el videoclub Simeoni, abierto desde octubre de 1989, época en la que en Pilar ni siquiera había llegado la televisión por cable. En diálogo con El Diario, Martín Simeoni recuerda que “era el negocio de la época. Con los años hubo que ir adaptándose, pero uno siempre trató de mantenerse ahí, con lo último que iba saliendo, de tener una especie de videoclub ‘histórico’, con películas que no se consiguen en ningún lado”. Para él, el secreto “fue mantenerse con una línea, siendo uno de los únicos que quedan de aquella época”.

Marcando diferencias, Martín señala que en la actualidad “alquilamos por película, porque los viejos abonos ya no están. El sistema funcionaba así cuando la gente, en un mismo fin de semana, se llevaba cinco o seis películas, pero hoy en día el cliente viene a buscar títulos en especial. Eso sí: los fines de semana siguen siendo los días más movidos”.

Las nuevas tecnologías permiten que la gente pueda comprar películas al por mayor, o bien bajarlas o verlas online sin moverse de su casa. No obstante, eso no ha sido obstáculo para la supervivencia de algunos videoclubes: “Hay personas que no tienen acceso a esas tecnologías –dice Simeoni-, pero obviamente el trabajo no es el mismo que hace 20 años atrás. Hay que adaptarse a las nuevas tendencias y ofrecer alternativas”.

 

Vaivenes

La época dorada de los videoclubes del centro de Pilar nació a mediados de la década de 1980, como el local Porrés, o bien el ubicado en el por entonces novedoso Paseo Bianea, sin olvidar al video de Juan Rufat. A fines de esa década y durante los ’90, los líderes fueron Simeoni y Pardal, aquel ubicado en la calle Rivadavia que tenía una gran cantidad de títulos en sus pasillos intrincados.

Todos los días, pero especialmente los fines de semana (en los que no cabía un alfiler), los videos se llenaban de vecinos ávidos por llevarse los mejores títulos, esperando con ansiedad algún “estreno”, que de seguro ya había aparecido en las grandes salas varios meses antes.

Arturo Barraza está al frente del videoclub Del Pilar: el local abrió en 1992 y con los años él quedó como propietario, pasando por dos ubicaciones previas aunque esté identificado con la esquina de Ituzaingó y Lorenzo López, donde aún se encuentra.

“El negocio es muy diferente –afirma Barraza-, ahora la gente se puede bajar la película en la casa, por eso el videoclub ya casi no funciona”. Como una manera de adaptarse, la venta superó al alquiler, “por eso vendo algunas películas, además me quedaron un montón de VHS y no sé qué hacer con ellos”.

El hombre comenta que “alquilo juegos de play station, pero los chicos siempre quieren más. O me vienen a preguntar por películas que no se pudieron bajar, pero todavía no salieron en forma oficial, así que es difícil tenerlas”. Lejos de la época dorada de los videoclubes, Barraza indica que “los domingos ya no abro porque no se justifica, pero antes era un día de los más fuertes: la gente alquilaba películas viernes o sábados, y las venía a devolver los domingos, y siempre algo más se llevaba”.

Por su parte, desde el mostrador Martín Simeoni afirma que “de vez en cuando aparece algún cliente que hacía rato no alquilaba. Mucha gente confía en lo que uno le dice, sus recomendaciones. El dueño de un videoclub es alguien que asesora, que conoce el paladar del cliente, sabe qué le gusta y qué no. Está quien pide películas de determinado actor o director. Me encanta ese contacto con la gente”.

 

 

 

Arturo Barraza: “El negocio es muy diferente, ahora la gente se puede bajar la película en la casa, por eso el videoclub ya casi no funciona”.

 

 

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