Un ranking con los problemas urbanos, según la misma gente

Lo encabezan la falta de higiene en las calles con el 25%, las inundaciones (23%) y las veredas rotas (18%). Contratiempos en los que ciudadanos y autoridades comparten las responsabilidades.

21 de noviembre de 2010 - 00:00

 

por Celeste Lafourcade

 

Calles sucias, veredas intransitables, arterias inundadas, rampas destruidas, falta de sombra por arbolado público... ¿Cuáles son los problemas más odiosos de la ciudad con los que los pilarenses se enfrentan todos los días?

Puesto a responder este interrogante, a través de una encuesta realizada en su sitio web pilaradiario.com, El Diario trasladó la pregunta a los lectores, que entre diez opciones predeterminadas armaron el ranking más molesto de la ciudad.

 

-1-Suciedad en las calles: Con el 25% de los votos, la higiene urbana (o la falta de ella) encabeza el ranking de problemas. Basta con caminar por el centro de las localidades para entender por qué la balanza se inclinó hacia ese ítem.

No obstante, vale decir que a diferencia de otras opciones, se trata de un problema donde la educación aporta una cuota fundamental. La falta de conciencia ciudadana acerca de la importancia de la higiene urbana, así como de la necesidad de no contaminar el medio ambiente es una realidad que se expresa a cada minuto. Aunque la escasez de cestos de basura públicos hace su buen aporte a la mala costumbre. 

En el centro de Pilar, es casi tan difícil encontrar recipientes para tirar los desechos como personas idóneas dispuestas a dar una explicación acerca de este tema.

En una recorrida por el microcentro que rodea a la plaza 12 de Octubre, los basureros son tan escasos que hasta es posible contabilizarlos: tres en la peatonal de la calle Rivadavia, otro en 11 de Septiembre e Yrigoyen, dos más en Tucumán al 600, y aquellos que aportan los kioscos, además de los canastos particulares de cada vivienda para depositar las bolsas de residuos.

Desde el área de Obras Públicas remiten las explicaciones acerca de la limpieza de las calles al área de Higiene Urbana, técnicamente encargada de controlar a la empresa que tiene a su cargo la recolección de residuos, Transur.

Al parecer, la higiene también responde a una cuestión de límites. Es que, por un lado, el Municipio tiene a su cargo la limpieza urbana (así lo indica la tasa domiciliara, ex ABL) aunque sólo del cordón hacia la calle, mientras que el mantenimiento de las veredas son responsabilidad de los frentistas. Ya lo dice el refrán, responsabilidad de todos, responsabilidad de nadie.

 

2-Inundaciones por lluvias: El 23% de los votos ubican en el segundo lugar al problema que aparece con cada tormenta. El extremo más cruento de esta situación tuvo lugar el pasado mes de febrero cuando miles de personas fueron evacuadas a causa de las lluvias, algunas perdiendo completamente su vivienda.

Las inmediaciones del Río Luján está entre las zonas más afectadas, así como los barrios linderos a arroyos que atraviesan el distrito. Como indicó el director de Obras Públicas, Daniel Álvarez, el último año el gobierno municipal destinó un millón de pesos a trabajos hidráulicos para evitar las inundaciones.

Asimismo, señaló las obras realizadas en el arroyo La Verde, en la localidad de Pilar, así como futuros trabajos en el arroyo Garín, que se concretarán con fondos nacionales.

No obstante, las obras siempre parecen escasas ante la magnitud del problema, relacionado con la explosión demográfica que tuvo lugar en Pilar y que no estuvo acompañada de obras estructurales.

Aunque no se trata de la zona más comprometida, ciertos tramos de varias calles del centro de Pilar tampoco son aptos para chaparrones fuertes. Como los sapos, la deficiente planificación –tema recurrente en los últimos 20 años de historia de Pilar- sale a la luz con cada tormenta.

 

3- Veredas rotas: Con el 18%, la medalla de bronce del ranking de los enemigos de los peatones lo ocupan las veredas rotas.

Desplazarse en una silla de ruedas, con un cochecito de bebés e incluso caminando puede ser considerado una carrera de obstáculos en incontables cuadras del distrito que más bien parecen extraídas de una postal de Kosovo.

Desde el gobierno, el concejal oficialista Miguel Saric es uno de los que más preocupación manifestó en este sentido, intentando reflotar –sin suerte- la antigua ordenanza de cercos y veredas que obliga a los frentistas a hacerse cargo de la reparación de sus veredas.

Sus sugerencias parecen haber tenido eco en la dirección de Obras Particulares que por estos días comenzará a repartir intimaciones a los propietarios cuyas veredas no se encuentren en condiciones. Quienes se nieguen, deberán afrontar una multa estipulada por el Juzgado de Faltas.

Desde la Cámara de Comercio de Pilar también empujan en este sentido. Un extracto de la mencionada ordenanza fue publicado en el boletín mensual y sobre esto, su presidente Daniel Castro, agregó: “queremos que el comerciante tome conciencia de que también hace a la buena estética del negocio”.

 

4- Falta de parques públicos: Entre el universo de votantes, el 10% consideró la falta de espacios verdes públicos el principal problema urbano de su comunidad.

Suplido a medias con las plazas reformadas (vale la aclaración dado que muchas de las plazas de Pilar no cuentan con arboleda ni juegos para niños), o por la propia colectora de Panamericana punto de encuentro de domingueros, este déficit no presentaría soluciones a la vista.

Alguna intención expresada por la Coalición Cívica para dar impulso a un proyecto de este tipo, más una iniciativa de capitales chinos para la construcción de un parque en las inmediaciones de la Universidad del Salvador, fueron las escasas e inconsistentes manifestaciones en este sentido.

Al día de hoy, los pilarenses deben conformarse con la reserva ecológica del barrio Pellegrini, con las limitaciones que impone por tratarse de un espacio protegido.

 

5- Falta de iluminación: El 6% de los votos estuvo destinado a la iluminación pública recurso que cobra importancia sobre todo cuando se habla de prevención del delito.

El distrito de Pilar cuenta con un parque de 46 mil luminarias. El mantenimiento del 65% de las mismas está a cargo de la empresa Lesko (que volvió a ganar la licitación para la concesión del servicio), en tanto que la cifra restante se realiza con mano de obra municipal.

El director de Control de Prestatarias, Ángel Serrano, garantiza que “el 95% de las zonas donde llega el tendido de Edenor cuentan con iluminación”.

Por estos días, se iniciarán trabajos de iluminación en el barrio Tropiano, y en zonas cuya expansión obliga a aumentar la intensidad de la luz. No obstante, los trabajos siempre parecen correr por detrás del crecimiento constante de Pilar y de los hechos de vandalismo que obligan al permanente mantenimiento.

 

6- Veredas obstruidas: El anteúltimo puesto del top ten, compartido con otras dos opciones, tiene nuevamente como protagonistas a las aceras.

En este caso, se trata de la ocupación de los espacios públicos en general por comercios que sacan a relucir carteles y mercadería a la calle. Según la ordenanza vigente que lo regula, los frentistas tienen derecho a ocupar un 50% de las veredas de su propiedad, previo pago de un canon anual.

Es la dirección de Inspecciones la encargada de controlar el cumplimiento de esta normativa, aunque por sentido común, el ajuste riguroso a la ley es poco factible que sea llevado a la práctica. 

A su vez, “hay veredas que son demasiado angostas y al ocupar el 50% deja sin espacio para que la gente camine”, recordó Roberto Airoldi, titular del área, mientras confirmó que “dentro de los controles que se hacen, el de ocupación de veredas también está”.

            

7- Falta o escaso arbola do público: También el 4% de los votos concentró la falta de sombra por arbolado urbano. Según el profesor Fernando D‘Auría, especialista en la materia, la escasez de árboles públicos también es producto de la explosión demográfica.

El crecimiento derivó en la extracción de mucha de la arboleda urbana, que sumada al incumplimiento de la ordenanza que indica que cada árbol extraído debe ser suplantado, derivó en la escasez de verde que caracteriza a los centros urbanos del distrito.

Tampoco se cumple aquella normativa que indica que cada propietario debe ocuparse de plantar tres árboles por frente, algo que antiguos funcionarios de Medio Ambiente quisieron reflotar con la incorporación de un vivero público municipal, medida que nunca fue llevada a cabo.

 

 8- Rampas inexistentes o rotas: El mal estado de las rampas, vitales para personas con movilidad reducida, se lleva el mismo porcentaje.

Salvo aquellas que fueron colocadas durante los últimos años en la puerta de ciertos edificios públicos, el estado de las rampas de las esquinas de las principales calles céntricas es deplorable, en tanto que las mismas se vuelven inexistentes en la periferia.

Para regular esta situación, desde la Defensoría del Pueblo se elevó un proyecto al HCD, en tanto que la misma iniciativa para promover la accesibilidad surgió en el Consejo de Discapacidad. Sin embargo, las calles del distrito revelan que no hubo avances en este sentido.

 

9 -Pastizales: Al igual que con la limpieza de las veredas, la presencia de pastizales (acaparó el 3% de los votos) también pareciera conformar un problema de responsabilidad compartida. Por un lado, el mantenimiento de la acera es competencia del frentista, aunque en el caso de los baldíos o propiedades abandonadas, el recorte de pasto debería quedar en manos del área de Espacios Verdes.

10 -Contaminación visual: El 3% de los votan tes señaló la contaminación visual –dada por la cartelería y el cableado aéreo- como el principal inconveniente.

A falta de regulación correspondiente, la cartelería comercial en los centros urbanos de Pilar fue creciendo de forma desprolija y en el casco céntrico alcanza con alzar la vista en calles como Pedro Lagrave o Rivadavia para comprobarlo.

Desde la Cámara de Comerciantes aseguran que se encuentran estudiando la posibilidad de reflotar una vieja iniciativa surgida en el seno de la misma institución para promover el embellecimiento de la ciudad a través –entre otras medidas- de la regulación de la cartelería (tanto la disposición como la estética de los letreros), así como mediante el cableado subterráneo. 

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