Soy mano

Domingo de Ramos… y Peverelli

sábado, 30 de octubre de 2021 · 07:49

Por Víctor Koprivsek

En la bienvenida hay descanso. Cuando es buena, cuando abraza para que sigas. Para que sea vuelo tu andar y así, se comparte después esa luz que seguro ha de quedar esparcida alrededor de lo que se haga. Capaz destello, capaz sombra, estrépito o bahía.

Las letras han sumado dos plumas muy interesantes a los diarios del viernes y del domingo, digo interesantes y me suena demasiado adecuado y acartonado y flácido. No. Más bien corrijo, me detengo acá para hablar de lo que aporta la imaginación en cada línea de los muchachos, cantando sobre las veredas que pisan y los rostros que miran, el temblor de la mirada del “Oveja” de Del Viso, su humildad y sencillez; o el resplandor del fantasma de Malena, destello en la búsqueda infinita para no morir de hastío ni perder aquella estrella que colmó una noche, alguna vez.

En fin, tantos los viernes como los domingos, además, hay dos razones para meterse temprano a recorrernos. Porque cuando hablan del lugar de donde somos, donde crecimos, donde fuimos jóvenes y hasta niños, y lo describen con tanto detalle al pie de cada párrafo, como para releer… viste cuando el recorrido avanza por las oraciones rápido, es un diario ¿no? noticia del día cabalga sin pausa, pero de golpe zas… pará, pará, volvé, relee eso ¿qué dijo?

Y aparece una ciudad, con sus bocinas, sus esquinas conocidas, algo de donde agarrarse para reír, una nostalgia vieja que parece nueva, cierta frescura que renueva algo. Son palabras que construyen mundos. Arquitecturas minuciosas.

Pablo Ramos y Mauro Peverelli. Escriben desde acá cerca, no sé si sentados en sus sillas favoritas o a la sombra de un tilo o en la servilleta de algún bar.

Leelos, seguro te encontrás con algo tuyo que ellos escribieron.

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Indiferencia

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