Soy mano

Padre mío

Por Víctor Koprivsek
sábado, 20 de junio de 2020 · 00:00

Ya sea que lo tengas vivo, en el lado del día y su despertar, con vos, o al menos al alcance de tus ojos. 
O ya sea que se haya “mudado de barrio”, como dicen los muchachos para no darle el gusto a la muerte de tener un protagonismo en algo tan lleno vida como es el recuerdo de tu viejo. 
Digo, si hay algo que nuestro padre nos deja, más allá de todas construcciones afectivas que se pudieron lograr, eso es la vida. 
Tanto él, como tu madre, han sido partícipes necesarios de tu existir.
La cuestión es que mañana domingo, en medio de una pandemia mundial, no de una cuarentena, de una pan-de-mia, será el Día del Padre.
Y yo quiero mencionar al mío, a ese que me aferro en el sentir profundo de la palabra amigo, ese compañero de fierro que es mi viejo y que desde hace un tiempo a esta parte, un tiempo largo gracias a Dios, es el primero en la fila de los que me brindan su apoyo incondicional.
Se llama José Koprivsek, y disculpen la vaina que se sale así como sin poder frenarla, por mencionarlo en El Diario, de nombrarlo, pero es que es una gran noticia el ternerlo conmigo. 
Llegó de Italia con un año de vida en brazos de la abuela.
En Derqui lo conocen como el “Tano” Yoyi. Siempre acá, hace más de setenta años.
-Mandale saludo a tu viejo. Me dicen de pasada.
- ¿Cómo anda el Tano? Preguntan en un cruce de esquinas.
Y a mí se me cae la baba, como quien dice. Ojo que lo mismo me pasa con mi viejita, la señorita Hilda. Así la conocen muchos en Derqui por haber sido maestra en la Escuela 30 del barrio Toro, o por su paso por Adulto, antes de jubilarse, en la nocturna de la Escuela 11.
La verdad es que hoy los veo reír a la discreta distancia de un metro y medio, salir a saludar despeinados en pijama o camisón, al mediodía, y le agradezco tanto a Dios el tenerlos conmigo.
A veces le llevo pan, otras pechuguitas de pollo, algunas verdura o frutas, pero lo que más me gusta es cuando le meto en la bolsita, de contrabando, un chocolate Milka, de esos aireados viste, los grandotes tipo tabletas.
Me río solo de la picardía de imaginar sus caras cuando entre medio de los tomates y las peras se encuentran con semejante sorpresa.
Como sea, feliz día a todos los padres que lean esta columna. 
Y que siempre la sonrisa sea el saludo entre nosotros, el buenos días, el buenas noches.
La sonrisa, la simple, la perfecta. Ese destello.

Comentarios

21/6/2020 | 17:45
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Victor, saludos al grande de tu Padre !!! Me encantó leer tus palabras...