Dos veces

Por Hernán Deluca.

Dos veces

Irónico. Un 10 de enero, a dos días de su natalicio (en realidad, de su llegada a la Tierra), el extraterrestre se marchó. Como alguna vez lo hiciera el Mayor Tom.
Con su ausencia, con ese vacío, comprendimos que no somos ni innovadores ni creativos. Simplemente, nacimos después de Bowie.
Tuve la fortuna de verlo en dos oportunidades. La primera, allá por mediados de los noventa, en la cancha de Ferro. Terminaba su gira en Argentina y la felicidad que irradiaban sus dientes, contrastaba con la música que producía. Oscura, machacante, reflexiva. Sublime. Lo tuve ahí. A metros. La bestia y sus clásicos. Todavía no caigo.
La segunda oportunidad fue en Pilar. Diez años después. En una tarde de verano, lo cruzo por las cinco esquinas. Yo andaba de a pie. Él, esperaba que el semáforo se ponga en verde. Bajó la ventanilla para tirar el cigarrillo y fue ahí que cruzamos las miradas. Se me cayó la mandíbula. A Bowie, no. Ni se inmutó.
Hace cuatro años que se fue. Y, así, con la persistencia de los nuevos gorilas que, desde que asumió, no hacen otra cosa que pegarle a Fernández, yo escucho sus canciones. Cada día, una canción. Desde hace cuatro años.
Afortunado. Dos veces lo vi... Ya se lo contaré a Vito.
 

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