Soy mano

Es una palabra muy grande

Por Víctor Koprivsek

Es una palabra muy grande

Mi compañero de banco. ¿Te acordás? Para los que empezamos a peinar canas y si tuviéramos la oportunidad de volver un día, en una especie de máquina del tiempo, hasta aquella fría mañana del secundario, en mi caso, en el colegio Nuestra Señora de Fátima, y sentarnos, por un día, junto al compañero de banco para sonreír con la tarea incompleta y decir presente cuando pronuncien nuestro apellido…
Mi compañero de cuarto. Hoy se podría decir de alquiler. Esa aventura de salir de la casa de tus padres y encarar esa etapa.
Mi compañero de trabajo, o compañera. Digo, en plural, compañeros. Espalda con espalda en el mejor de los casos, para alcanzar el objetivo o pasar las horas en el intento. Esas y esos con los que podés contar. Nada más ni nada menos. Ustedes saben, compañeros de oficina, de redacción, de fábrica. En fin, con los que podés contar.
Mi compañera de vida, o compañero. La persona que eligió el amor para asumir tu día y sembrar el tiempo con abrazos incondicionales que vayan construyendo fortalezas para no sentirnos solos, porque, de hecho, no lo estamos. Con la persona amada, a la par en igualdad y respetos. Pucha si valen la pena los perdones para que el alma no se rompa en mil pedazos y así seguir tratando de ser mejores en un mundo a contramano.
Por eso digo que es una palabra muy grande la palabra compañero, la palabra compañera. Porque cuando se retuerce el día en la aflicción del pecho, cuando se estruja el pan y no se comparte (humanidad, país, multitud y duda), cuando pretende ganar la soledad del uno y las piedras y la desazón y todo lo que ya sabemos; la voz, el diccionario, el lenguaje dicho pronuncia esa palabra gigante casi al pasar, como si nada, pero que arrima orillas, que tiende una mano, que recuerda fuerte. Creo en Dios, en el abrazo y en el prójimo que es par. Creo en la palabra compañero.