OCTUBREANDO

Réquiem para un amor

Por Redacción Pilar a Diario 11 de abril de 2017 - 00:00

De Horacio Pettinicchi

Yo te busqué, en cada mujer te busqué, recorría sus geografías, exploraba sus rincones buscándote, bebía con ellas el vino de la locura, con ellas fumaba la buena yerba, enloqueciendo cada vez que creía encontrarte, desolándome una vez y otra también cuando volvía a perderte, te escapabas de mis manos, te escurrías de mis  dedos como la fina arena con que jugamos un día, te acordás mujer?
Cuántas veces se puede amar a una misma mujer, una, dos, diez?
Te amé y desamé en cada una de ellas. Te busqué entre las hojas de viejos libros, en los colores del otoño, en los olores de la gran ciudad.
Entraste un día por la puerta que no es puerta, venías colmada de cielos. Jugábamos a alejarnos, nos apartábamos para acercarnos, nos perdíamos para encontrarnos en la vuelta de cada esquina, nos amábamos, cada noche, cada día, impúdicamente nos amábamos, nos rociábamos con el mágico polvo de las mariposas y volábamos, extendías tus alas y volábamos. Una sed de distancias te anidaba en tus entrañas, una lluvia azul alegraba tu mirada, y estaba tu lengua, suave, cálida, recorriendo mi geografía. Te sabía libre, desnuda de vos, desnuda de tu pasado, de otras caricias, irreverente y libre pájaro que amanecías en mi piel cada mañana.
Me dejaste el arcón que guardabas en tu vientre, el arcón donde guardabas el lloro de las estrellas, el llanto por penas aun no estrenadas.
Y yo que nunca fui dueño de nada hoy soy dueño de cosas inacabadas, heridas que no dejan de sangrar, de una vida mal atada, de tu aroma que quedó en mi almohada, de esta brutal necesidad de descansar de tantos recuerdos, soy dueño, digo, de un amor que no termina y de ese beso de adiós que nunca di. 

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