Soy mano

La fortaleza

por Víctor Koprivsek

Por Redacción Pilar a Diario 13 de agosto de 2016 - 00:00
Los amigos son una fortaleza. Por supuesto que nada, ni nadie, es perfecto. Y los amigos y amigas que uno fue cosechando en el camino tampoco. Mucho menos uno mismo, claro está.
Sin embargo los amigos vienen de lejos con sus cosas que son nuestras. Por eso cuando alguien se mete con un amigo algo salta adentro nuestro. Algo se revela y levanta un muro.
Y sobre ese muro se enlistan las huestes y se prestan a la defensa de esa fortaleza amenazada, si es que uno vislumbra de lejos la cizaña.
Eso se da a lo largo de la vida varias veces. De niños con mucha menos sutilezas, de grandes ya con más espacio para perdonar. Aunque cuando el vaso se colma en veneno y no en paciencia, hay que cortar por lo sano lo antes posible con urgencia y sin preámbulos.
No somos perfectos, hay torceduras. Sí. Pero tampoco hay que vivir en la culpa o la falsa modestia y soportar ¿qué? Porque en la comunión de las almas siempre hay lugar para nuevas generosidades y respetos. Y hay millones de personas en el mundo como para sufrir la fricción y el desgaste gratuito y sin semilla. La trama se rompe a los costados. Se despedaza en la estructura que llega. En el tejido alcanzado. Así es el mundo de más afuera. Y así se presenta el tiempo nuevo.
Pero en ese círculo de cientos con quienes hemos sabido reír y perdonar, tender puentes y lograr la confianza a la hora de la lucha, sabiendo que no volveremos a estar solos en la primera línea de combate. Ese universo de rostros y recorridos, es un valioso tesoro.
Por eso los amigos y amigas son una fortaleza, y por eso nadie pide nada, ya que en esa fortaleza todos ponemos lo que hay que poner para que las cosas pasen, para que los sueños sean.
Y no sentirnos desamparados en las locuras y los brindis, en las lágrimas y los abrazos, en las victorias y en las derrotas.
Solo pido respeto para mis amigos y amigas, que no tienen un lugar en ningún pedestal sino más bien su sitio bien ganado en las oraciones que se elevan hacia ese cielo donde mi Dios escucha.
Son los simples pedidos que uno hace, son las preocupaciones, aquel anda un poco atravesado, aquella media depre. En fin, siempre y en lo que se pueda, hay que ayudar.
Hablar de la amistad siempre es una bendición. Porque los amigos son una bendición, así fue y será por los siglos de los siglos. Y si nos encontramos una vez y fue bueno, qué alegría sabernos cerca después, ¿no? Por eso quien se mete con mis amigos y amigas se mete conmigo. Y entonces será de espadas la contienda, de filo y de hielo el devenir del laberinto donde siempre vamos a cruzarnos. Porque así es la vida y así es el barrio. 
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