OCTUBREANDO

Una luna acribillada en el olvido

Por Horacio Pettinicchi [email protected]

Por Redacción Pilar a Diario 1 de noviembre de 2016 - 00:00
"Acércate al incendio de mis labios. Vamos a levantar el mundo con un beso, ella vendrá con la sombra a despertar su útero en el silencio, la madrugada será un labio que no recuerdo”. Adolfo Ponti.
Adolfo Marino "Bebe” Ponti nació en Quimilí, provincia de Santiago del Estero. Poeta enraizado en lo social, hartamente comprometido con la cruda realidad de los setenta, su obra es una poética denuncia que retrata contundentemente el dolor de una generación devastada. En cuanto a la canción popular su obra fue grabada por cantores de la talla de Mercedes Sosa, Peteco Carabajal, Los Nocheros y Jacinto Piedra, entre otros.
Alguna vez en rueda de amigos, compartiendo una charla y un vino, nos supo decir: "La poesía te acontece y cuando sucede hay que sentir gratitud. La poesía es ese niño de algarroba que se le duerme en el alma un árbol de siete sueños. La espera de ese pájaro que con su vuelo escribirá en la página en blanco lo que no pude, lo que nunca podremos escribir. La poesía, digo, te elige, es música del pensamiento, latido que se inscribe tanto en el lodo como en una flor, y cuya resonancia baña de luz el corazón de quien la escucha. La poesía, compañeros, es una dama caprichosa, invisible fruta que revela y produce el pensamiento humano. Observen, miren, háganse uno con esa hoja que cae y te lastima un hombro, con la madre que escarba la tierra buscando los huesitos de su vientre, ese hijo que le desaparecieron. Toda la vida es material de inspiración. La poesía es una pandorga de luna que vuela en tu pensamiento, recuerdos que aún sangran, heridas que no cierran, como Haroldo Conti, pasajero de los álamos que siempre regresa a nosotros.”
"Vinieron a preguntarme por los árboles/y por los muertos/y por las muñecas/quemadas en primavera/Un océano de lunas estalla sobre los ojos de los espantapájaros/como una tormenta radioactiva/en el fondo de la noche/y en el horizonte: un mar abundante y melancólico y una mujer descalza perdida entre la sombra y la neblina/(El navío es algo más que un incendio en la memoria) Dónde están los muertos y los pasajeros de cristal y la cabaña de lunas/donde Haroldo fundaba guitarras y naufragios/En esta ciudad sólo escucho el vértigo de un motor en la madrugada/Debo juntar la sangre gota a gota repartirla por los muros y las calles/No basta con morder el crepúsculo y los penachos amarrados a las sombras/tengo que juntar los huesos uno a uno arrinconarme con fuegos y baladas hasta que la noche caiga sobre los peces como una herida torrencial/Están cerradas las ventanas y las chimeneas/Hay que apretar fuerte los picaportes y abrir todas las puertas/ Desnudar el mundo con la sangre/ acaso la noche no tiene sabor a pólvora y a ojos arrancados/ Tengo que llegar hasta los bosques helados/ El mar está creciendo en las alondras y en los ojos de mi amada/ Yo secaré tus lágrimas con mi lengua/ Y después levantaremos el día hecho de fuegos y de astillas y de maderas y de caracolas desnudas y de madres blancas como las arenas”. ("Vestigios de la sangre-A Haroldo Conti”, de Bebe Ponti).
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