“¿Quién soy? ¿Soy mis lecturas? ¿Mis palabras? ¿O el olvido de mis lecturas y mis palabras?”, se pregunta una vez y otra también la escritora Luisa Futoransky en sus poesías, en cada uno de sus libros, en cada palabra que escribe.
“Soy de otra parte, otro cuerpo, otro golfo para que me entiendan, para que no me entiendan demasiado, escribo por atajos y digresiones. A mano limpia. A campo traviesa. Vivo por circunloquios, espirales, pidiendo disculpas, permiso. Demasiado. Tropiezo, desentono, me repito, adiciono prótesis, me encorvo, heteróclita, minuciosa, descuidada, descartando a manotazos, boqueando, con notas a pie de página inverificables. Desenraizada como un tronco de plátano, a merced de la borrasca, puro cráter, pura fragilidad, nunca supe echar raíces pero voy poniéndome en escena, pero fuera de foco por lente cóncavo o convexo, nunca el del arcoiris nunca, el amor correspondido menos furtivo. El mínimo denominador común del dolor es universal y su raíz cuadrada esta nuez, este rubí, que aún alumbra, soberbio, secreto, la palma de mi mano”. (Reseña)
Su obra, de absoluta auto ficción, se inscribe en una literatura femenina, sesentista si se quiere, nos cuenta de su niñez, juventud y madurez, cargada de un sentimiento de frustración desde su autoexilio social y geográfico, de muchos oficios y distancias recorridas. Vagamunda por elección no se lamenta de no tener hijos ni propiedades, su única propiedad es la palabra y las voces que la habitan.
“¿Dónde guardarán el alma los algarrobos/los pinos o los alerces?/¿Dónde sufrirán a Dios?/¿En qué lugar alguno de triste corazón buscará el suicidio?/¿Cómo vivirán las estaciones, la enfermedad/el amor, la locura, la muerte?/¿Con qué lenguaje expresará el silencio la vejez de los árboles?/¡Cómo hallar vuestra lengua, me digo /cómo saber de vosotros la verdad/-porque también habéis sido testigos y por tanto cómplices-/cómo limpiar nuestras raíces/cómo recibir el sol con esta alma empozada /con el hierro, la memoria y tanta sangre olvidada /y peligrosamente muerta y viva entre las manos!”(Y los otros).-
En su primogénita novela (Son cuentos chinos), su personaje principal es Laura Kaplansky, argentina y de origen judío, locutora en español en Radio Pekín -al igual que ella y donde también trabajó- relata sus desventuras, la soledad del exilio, la nostalgia que la acongoja, de los recuerdos de la infancia y la adolescencia.
“El mundo entero está lleno de manchas indelebles de injusticia. Lamento que mi país haya conocido la dictadura que conoció y tantos muertos, tanto desencanto irrecuperable, y que nuestras ideas de justicia hayan pasado a ser el más remoto estado de utopía”. Nos dice por último.