Por estos días, solo quiero pensar en poesía. El Negro Víctor Koprivsek está presentando libro, entonces cómo no pensar en poesía. Son días fuertes, bravos. De discursos encontrados, acusaciones cruzadas. Días de memoria y desmemoria a la vez. Difíciles días de encrucijadas políticas, de esas que ya no pensaba vivir. Con tantos dimes y diretes, cansada de más de lo mismo, siento que lo único que me salva es la poesía. A sabiendas que no soy la única a la que le sucede esto, invito a las amigas y amigos de la columna a adentrarse en estos poemas, desentrañar sus versos, desnudar sus palabras letra por letra, sentirlas una a una como patadas en el pecho y ver qué pasa. Poesía social que le dicen…
Empiezo con León Felipe (poeta español 1884-1968). “Sé todos los cuentos”: Yo no sé muchas cosas, es verdad. Digo tan sólo lo que he visto. Y he visto: que la cuna del hombre la mecen con cuentos... Que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos... Que el llanto del hombre lo taponan con cuentos... Que los huesos del hombre los entierran con cuentos... Y que el miedo del hombre ha inventado todos los cuentos. Yo no sé muchas cosas es verdad. Pero me han dormido con todos los cuentos... Y sé todos los cuentos.
Sigo con Roberto Santoro (poeta argentino1939- desaparecido en 1977). “Las cosas claras”. Que venga la vida y me golpee, de nada vale cerrar los ojos, un hombre dormido es un dolor que descansa. Uno de mis errores fue creer que todos éramos hermanos y ahora no se le puede cambiar el horizonte a la nostalgia, hay que olvidarse de las viejas sonrisas y andar con el dolor a cuestas para que sirva definitivamente.
Ahora voy con Juan Gelman (poeta argentino1930-2014).
“Mi Buenos Aires querido”. Sentado al borde de una silla desfondada, mareado, enfermo, casi vivo, escribo versos previamente llorados por la ciudad donde nací. Hay que atraparlos, también aquí nacieron hijos dulces míos que entre tanto castigo te endulzan bellamente. Hay que aprender a resistir. Ni a irse ni a quedarse, a resistir, aunque es seguro que habrá más penas y olvido.
Y como no podía ser de otra manera, cierro con el derquino que pretende “Inventar un viento”: Víctor Koprivsek (argentino -1973). “Pido toros bravos en mi calle”. No bueyes tristes, rumiantes repetidores, bestias doblegadas. Pido toros hartos de matanza, furiosos por la estirpe sometida. Toros que echen espuma por la boca, que abran surcos con la pata izquierda antes de la embestida final, que levanten polvaredas a la muerte. Pido toros dignos por mi calle. No bueyes tristes. Maldigo al ganado obediente a tanto pastizal.
Cuando el bocho no da más de tanto bla-bla-bla… ¡pensá en poesía!