Literatura en Pilar

Soy Mano: Eva y Alberto

Por Graciela Labale

4 de mayo de 2024 - 11:11

“Las mujeres de mi generación abrieron sus pétalos rebeldes… florecieron en las calles, en las fábricas, en el sindicato, se hicieron hilanderas de sueños. Minifalderas en flor de los sesenta, las mujeres de mi generación no ocultaron ni las sombras de sus muslos, que fueron los de Tania. Bebieron con ganas del vino de los vivos, acudieron a todas las llamadas y fueron dignas en la derrota. En los cuarteles las llamaron putas y no las ofendieron, porque venían de un bosque de sinónimos alegres: minas, grelas, percantas… Hasta que ellas mismas escribieron la palabra Compañera, en todas las espaldas y en los muros de todos los hoteles. Conocieron la cárcel y los golpes, habitaron en mil patrias y en ninguna, lloraron a sus muertos y a los míos como suyos, dieron calor al frío y al cansancio deseos…

Porque las mujeres de mi generación, nos enseñaron que la vida no se ofrece a sorbos, compañeros, sino de golpe y hasta el fondo de las consecuencias… Sus canas no son canas, sino una forma de ser para el quehacer que les espera. Las arrugas que asoman en sus rostros, dicen he reído y he llorado y volvería a hacerlo. Las mujeres de mi generación, han ganado algunos kilos de razones que se pegan a sus cuerpos, se mueven algo más lentas, cansadas de esperarnos en las metas. Ellas dicen pan, trabajo, justicia, libertad, y la prudencia se transforma en vergüenza... La identidad del siglo, son ellas… Un tango en la serena soledad de un aeropuerto, un poema de Gelman escrito en una servilleta…”

Conocí a Eva y Alberto en una Vigilia de IntegrArte, vaya a saber cuándo, hace muchos años ya. Ellos dieron su testimonio ya que habían estado presos durante la dictadura militar. Y él, tras escucharla, muy emocionado le dedicó este poema de Luis Sepúlveda del que sólo escribí un fragmento. Ella, para ese 23 de marzo, llevó para mostrar un viejo cuaderno Rivadavia de 200 hojas que escribía con sus compañeras de cárcel, en el que abundaban canciones, poesías y hasta cartitas y fotos de sus hijos y al que pudieron salvar de un sinnúmero de violentas requisas. Nunca olvidé ese momento y el otro día volvía a revivirlo.

En el Centro Cultural Federal, el viernes pasado, Eva Orifici y algunas de sus compañeras de prisión presentaron una colección de libros, Nosotras en libertad que “reúne los textos de más de 200 mujeres, militantes, presas políticas que en la cárcel de Villa Devoto construyeron un entramado de amor, respeto, diversidad, memoria, compromiso y que, en libertad, supieron mantener”. Y ahí estaba él, Alberto, junto a su familia, incluido el hijo que quedó al cuidado de sus abuelos cuando ellos cayeron presos, de pie y orgulloso como aquella vez que le dedicara el poema del chileno. Y ahí estaban ellas, dispuestas al encuentro y a los abrazos, pero también a nuevas luchas, cada una desde su lugar y dentro de sus posibilidades. Pero sin bajar los brazos, ni claudicar en sus ideas, siempre sembrando memoria.

Así somos las “Mujeres de mi generación”.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar