Literatura

Soy Mano: Disruptivo

Por Chino Méndez

2 de marzo de 2024 - 10:01

Hay un nuevo vocabulario, una nueva manera de mirar al otro, una nueva visión. Es evidente que entre “millennials” y “centennials” ya ganó por amplio margen (mayor en los segundos) el discurso anti casta y anti Estado. Resulta irrebatible que ese discurso es una construcción que fue emergiendo casi sin darnos cuenta, mientras estábamos ocupados en sobrevivir. Hoy, que con cada trabajador en blanco hay dos en negro y que morfar parece ser una hazaña, el individualismo le gana la pulseada al colectivismo. ¿Cuán diferente a nosotros piensan nuestros hijos? ¿Cuánto difiere nuestro pensamiento respecto al de nuestros padres? Me pregunto, cuando leo algunas encuestas serias que indican que hay un mayor consenso del “orden”, sí, hay un consenso “represor” que aumenta más aún entre los pibes de 20. Y si te tomas el tiempo de escuchar vas a ver que es cierto.

Me quedé sin palabras, porque mientras con amigos estamos organizando la vigilia en repudio al golpe de Estado del 24 de marzo del 76 en ese maravilloso lugar que es IntegrArte, como hace muchos años, me sentí terriblemente lejos de ese chamuyo que reina en las redes y se replica en la calle. Y, si bien en la inmediatez primó en mí la sensación de orgullo ante el espanto, comencé a pensar qué atomizados estamos aquellos que tenemos y anhelamos una mirada más horizontal acerca de la construcción social. Entonces me enojé “nos decimos las mismas las palabras” “escuchamos las mismas canciones”, dije. Claro que eso enarbola una virtud, pero también se traduce en quietud, sobre todo cuando uno espera la misma aprobación de los que continuamente están para oírnos, en tanto por otro lado certeramente nos conquistan el criterio.

Yo no sé cuál es la salida, pero lo que sí sé es que me cansé de mis palabras bonitas que, en el mejor de casos, conmueven sólo a un puñado de aquellos que piensan o sienten parecido. Hoy prefiero la mirada incómoda antes que la complaciente indignación que podría provocarme, por ejemplo, algún tuit oficial.

El anonimato de la virtualidad, deja de ser anónimo y virtual cuando, en la multiplicidad del mensaje, se convierte en verdad irrefutable en las grandes avenidas y también en el barro. Debemos encontrar otro nuevo modo de comunicarnos, hasta acá hemos sido derrotados.

Alguien pensará que todo esto es una cuestión de tiempo y puede ser que así sea. Pero cuando esa mayoría, a la que perforó el discurso alado de una supuesta libertad, vuelva vulnerada por ese mismo mensaje ¿cómo diremos nuevamente lo que hoy parece obsoleto? ¿Cantaremos las mismas canciones? ¿Con qué novedad superadora los estamos esperando?

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