Literatura

Soy mano: Antes de que nos termine de tapar el agua

Por Chino Méndez

2 de diciembre de 2023 - 10:23

El río corrió, dio la vuelta con su circular circuito. Hay rumor de sangre en la quietud previa que precede a la catástrofe, insectos anuncian la cólera de la corriente que promete cumplir con su amenaza. Y digo río intentando representar esta repetida historia nuestra que nunca deja de dar la misma vuelta, donde el futuro siempre está detrás y se renuevan los paisajes tristes del odio. Habrá que intentar abrazarse a las enramadas más firmes como para que no nos lleve puestos tanta sed de arrasamiento.

“¿Cómo llegamos a esto?” me pregunta mi vieja, mientras dos de mis hijos me abrazan y yo estoy inmóvil, mirando la nada. La nada que miro son las postales del año 1 de este siglo que flotan en mi memoria, la nada que miro es aquella ficción de 1 a 1 que se resquebrajaba y a pesar de que todo se iba a la mierda algunos empujaban, sonrientes, carritos en Ezeiza con una tele y varias paparruchadas importadas de esas que te hacen sentir poderoso. La nada que miro es la de los changuitos afanados en el saqueo y que desde entonces nunca dejaron de circular en trenes hacia los desechos de las grandes avenidas. Intento una explicación razonable para mis hijos al menos, como para que no sientan que pretendo un voto calificado o que pienso que el pueblo se equivoca: hay hartazgo y una inflación imparable con precios por las nubes, les digo.

¿Dónde estaba yo en aquel paisaje que hoy renueva mi temor? Estaba, por ejemplo, en una esquina de Manzone con amigos y no más que diez personas, un 24 de marzo, diciendo “Son 30.000”. Estaba laburando en una verdulería en Derqui trece horas por día, sin franco y ganando 20 mangos, separando frutas y verduras picadas o podridas que luego, en un descuido del dueño, llevarían mis vecinos para poder comer. Y no exagero en nada cuando digo que mis ojos miran la nada.

Desde aquel vacío a este que se aproxima, es decir desde aquella pobreza a ésta, hubo intentos heroicos, claro que sí, pero también hubo terquedades, mezquindades y silencios cómplices. El problema es que nunca dejó de vertebrarse la pobreza estructural, que refiere a lo económico, pero sobre todo a lo cultural.

¡Qué país éste! Pasamos de un diciembre a otro de “Los pibes de Malvinas que jamás olvidaré” a la motosierra que recorta soberanía. “De la Patria es el otro” al “Sálvense quien pueda”… Argentina, no lo entenderías.

Nuevamente con un batracio en el garguero por elección soberana o por inducción bursátil, convocados a discutir sobre pobreza, mientras otros se reparten la riqueza, siempre igual. Aquí estamos, como guerreros que arman barricadas para intentar que no se inunden las trincheras y, a la vez, con la fragilidad de un niño que le teme al agua. Rezando, acaso, por la multiplicación de los panes y los peces.

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