Literatura

Soy mano: 3 en 1

por Graciela Labale

6 de julio de 2024 - 11:29

Quince días en Argentina, en la vida de cada uno de nosotros y nosotras son casi imposibles de narrar en una columna de estas características. Las noticias y la cotidiana lucha por la supervivencia hacen que mi cabeza sea un coctel difícil de descifrar. Pero no puedo mirar para otro lado y escribir sobre otra cosa. Intentaré resumir 3 cuestiones en 1 solo texto.

1 - La desaparición de Loan en Corrientes saca a la luz un drama de vieja data en nuestro país: la trata de personas, la pedofilia, el control de las fronteras. Recuerdo haber entrevistado a la monja Pelloni en Goya en los primeros 90, cuando la sacaron de Catamarca por “molestar al gobierno de turno” por el caso María Soledad Morales, y en esa ciudad correntina empieza a investigar el tema de la venta de menores. Ya por entonces hablaba de complicidad entre el poder político/judicial, de las fuerzas de seguridad tanto policiales como de las que debieran custodiar los pasos fronterizos y de la entrega de pequeños a cambio de algún dinero para paliar la miseria de una provincia eternamente feudal. Las cifras de los niños y las mujeres que faltan de su hogar son espeluznantes. Aumentan año a año. Con el correr del tiempo o cuando se apagan las cámaras y el sensacionalismo de los medios nacionales, se van olvidando las fotos y los nombres. Salvo para la familia que cargará con ese dolor de por vida.

2 – El frío no cesa, se sostiene por días y días. Un plato de comida calentito, ropa adecuada y una cama bajo techo no debería ser un lujo para nadie. La calle no es un lugar ni para vivir y mucho menos para morir de frío y hambre. “…No me encuentro con ricos cuando salgo a la calle, me encuentro con gente pobre, y no vivo en un barrio pobre pero lo recorren y viven pobres porque el país se ha empobrecido, y maldita palabra que no aguanto más, pobreza y más pobreza…”. Martín Smud

3 – Los acosadores no son de izquierda o de derecha. Intelectuales, obreros o desocupados, son abusadores o violadores, así nomás. Esta semana conocimos un nombre, uno más, de alguien a quien admiré y del que esperé su opinión cuando las noticias internacionales acaparaban mi atención. Pedro Briguer, horrible. Gracias mujeres por animarse a denunciar. Yo sí les creo.

“Una voz despierta

de su larga pesadilla de silencio.

Se escucha multiplicada.

Ya no es sola.

Ya no es loca.

Ya no es exagerada.

No tiene mi nombre

tiene el nombre de todas.

Las que sintieron miedo

las que sintieron asco

las que sintieron culpa.

Aquellas señaladas por el dedito acusador.

Lo habrás provocado

no fue para tanto

¿por qué no denunciaste?

Cada una de esas voces

que se levantan en este tiempo

Me recuerdan: esto también me pasó a mí.” Romina Ruffato

Al menos pude terminar con una siempre salvadora poesía. Ojalá en la próxima columna pueda arrancarles una sonrisa.

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