Gracias a la audacia y el atrevimiento de un grupo de jóvenes músicos, IntegrArte Pilar abrió sus puertas en febrero de 2007, y con sus más y sus menos, jamás paró. Muchos de aquellos fundadores ya no están en la diaria, pero siempre, cuando por alguna u otra cosa, vuelven, saben que ahí estamos, con las puertas abiertas para quien quiera entrar. Sabemos que fue y es agotador sostener un espacio autogestivo, colectivo e independiente, con un compromiso igualitario de todas sus partes, en el que hay que sortear conflictos, de esos tan lógicos en el género humano y donde a veces gana el cansancio y la decepción. Y lo entendemos.
Pero aquí estamos, de pie, después de 17 años, comprometidos con la realidad, librando batallas económicas, culturales y de las otras, hasta con una pandemia de por medio, generando proyectos artísticos de gran calidad, con el escenario Astor Piazzolla abierto para quienes quieran mostrar su arte y para “todas las voces todas”, diría don Tejada Gómez.
Ya hace un tiempo, al menos desde diciembre pasado pienso que hay que reanimar, activar, reavivar, o como quieras decirlo, la costumbre de juntarnos. El 9 o el 23 de marzo en Inte, tuvimos la prueba. Un bello caos nos acompañó las dos noches, con un público que quería agrandar la mesa, charlar, compartir arte, empanadas, vinito y abrazos. Más el agregado de comprometerse también con la imprescindible solidaridad, en tiempos de ollas vacías y niños con carencias de todo tipo. Por eso, desde el mismo 9, arrancamos una campaña que sostendremos, al menos, todo este el año, a la que llamamos “El hambre no espera”, en la que invitamos al público que se acerque a un espectáculo o evento, ya sea gratuito o en el que haya que pagar un bono contribución, y hasta los alumnos que pueblan sus aulas, a sumar voluntariamente un alimento no perecedero o un útil escolar que será entregado a instituciones de la comunidad que lo necesiten. Esa es la idea. ¿Nos acompañan?
“Tengo tanto que agradecer
a quien me dio de beber
cuando la sed me moría.
Agua en jarro, gusto a pozo,
pero río caudaloso me parecía.
Estos ojos no olvidarán
al que una vez me dio pan
cuando el hambre afligía.
Miga dura, pan casero,
que trigal del mundo entero
me parecía…” ( “El buen modo”, María Elena Walsh)