Literatura

Del otro lado

Para celebrar su 60º aniversario, el Instituto Nuestra Señora de Fátima organizó un concurso literario. "Del otro lado" es el 2º lugar en Cuento. Escrito por Santiago Osorio González, de 3º año.

8 de noviembre de 2024 - 10:08

DEL OTRO LADO

Aquel día estaba junto a mi hermana menor, paseando por las calles de Buenos Aires, solas, en un punto del paseo nos cruzamos con un pequeño parque, mi pequeña

acompañante me sugirió pasar el rato ahí, acepté.

Yo estaba descansando en un columpio viendo cómo se divertía, ella, risueña como siempre, estaba jugando en un tobogán negro. Me llamo la atención la extraña decisión de usar un color tan deprimente en un juego para niños. Contrastaba fuertemente con los colores tan vivos de aquel lugar, digo, era una mañana típica de invierno como solo sabe ser Buenos Aires. En este punto del día me puse a divagar sobre el aspecto de aquel lugar, mientras observaba a mi hermanita con su melodiosa risa.

Silencio, cuando entro en aquel tobogán aquella risa fue reemplazada por un silencio sepulcral, una terrible sensación de incomodidad invadió mi cuerpo, me acerque lentamente gritando su nombre. Lo único que se escuchaba era el sonido de manos chocando con fuerza aquel tubo oscuro, decidí asomarme por la salida y no hubo rastro de mi pequeña hermana.

Aterrada por dentro entre en aquel espacio oscuro, subí temerosa, sentí que no acababa nunca, los segundos se transformaron en minutos y los minutos en horas.

Después logre observar lo que parecía ser una luz artificial y pare de subir, pero la luz siguió acercándose a mí, el sonido de manos chocando contra las paredes resonaron duramente como los golpes de mi difunto padre. Con un miedo profundo me deslice, algo parecía perseguirme, mi corazón se aceleró e intente deslizarme más rápido. Salí corriendo apenas se acabó el tobogán pude divisar una figura humanoide por aquella luz. Se detuvo de golpe casi al final del juego.

Observé a mi alrededor, el parque estaba cambiado, se veía destruido, el césped había subido, todo estaba sucio y oxidado a excepción del tobogán. Era de noche sin una luna y sin estrellas, solo un orbe flotando de color rojo asemejándose al sol. No pude ver a mi hermana por ningún lado, el camino por el que vinimos fue reemplazado por un denso bosque de árboles negros como el carbón y de hojas verdes. La criatura seguía dentro del tobogán emitiendo un leve sonido casi inaudible e indescriptible, huí del lugar esperando encontrar a Luz.

Saber cuánto tiempo pase buscándola fue imposible, mi celular decía una hora incorrecta, dos años en el futuro. Con mucha hambre vagué por aquel interminable bosque, la sed me consumía, hasta que me volví a cruzar ese maldito parque.

No estaba más aquel monstruo, me acerque al tobogán y escuche a Luz jugando, su hermosa vos me ilumino en la penumbra. Decidí deslizarme, pero el silencio invadió nuevamente el juego, me aterré, pero decidí continuar con la linterna. Empecé a escuchar a alguien gritando su nombre y desesperada por ella congelada igualmente seguí adelante, rápida, desesperada chocaba mis manos con las paredes con un sonido estridente.

Sentí que pasaron horas, días, semanas hasta que me rendi y decidí cerrar mis ojos aceptando la muerte fría y tortuosa como aquellos días con mi padre.

Santiago Osorio González

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