Pilarense estuvo más de 80 días varado en un crucero

Nicolás Glassman (27) es fotógrafo profesional. En febrero embarcó para hacer temporada en el Caribe. Pero hasta junio no pudo pisar tierra firme. “La sensación de seguridad era mayor ahí que en una ciudad”, contó.
viernes, 31 de julio de 2020 · 10:43

Nicolás Glassman, joven pilarense de 27 años, es fotógrafo profesional. Desde el año pasado comenzó a trabajar en cruceros, pero este año le tocó vivir una experiencia que sin dudas quedará grabada en su retina para siempre. Como parte de la tripulación del Celebrity, quedó varado por casi 80 días, sin poder pisar tierra firme.

Ya sin el movimiento de las olas, en la tranquilidad de su casa de Pilar, Nicolás contó en una entrevista con El Diario cómo fueron esos días de incertidumbre en medio del océano y sin saber a ciencia cierta cuándo podría desembarcar.

“Este año había comenzado mi segundo contrato, por lo que en febrero me embarqué y estuvimos haciendo la temporada del Caribe”, recordó Nicolás.

Pero semanas después, distintos países comenzaron a cerrar sus fronteras. Así, el 15 de marzo bajaron los últimos pasajeros del barco y, desde ese día, quedó arriba del crucero solo la tripulación, de unas 1.500 personas.

“Por normas estrictas de Estados Unidos, nadie podía subir ni bajar del barco a partir de entonces. En un principio no estaba nada mal, se nos dio una cabina de pasajeros y pudimos utilizar las instalaciones como piletas, gimnasio, bares, que normalmente solo están destinadas a los pasajeros que pagan por sus vacaciones”, relató el vecino de Pilar Centro.

Sin embargo, ya a principios de abril, a pesar de que no había ningún infectado en la embarcación, por directivas de Estados Unidos les informaron que la tripulación debía permanecer 14 días aislada. Cada uno dentro de su habitación, sin contacto con nadie, para confirmar que ninguno tenía síntomas.

Eso, reconoce el fotógrafo, “fue lo más difícil”. “Si bien era una habitación grande, con un balcón, Tv, internet, no podíamos salir para nada. Nos enviaban tres comidas diarias a través de trabajadores esenciales y nos tomaban la temperatura, ese fue el único contacto humano por 14 días”.

En una burbuja

Después de cumplido el aislamiento, a los tripulantes se les volvió a permitir salir a caminar por el barco. Eso sí, con barbijos y distanciamiento y “ya no era lo mismo, estaba todo cerrado. Solo se podía caminar e ir al buffet, donde servían la comida”.

Desde ese momento, los trasladaron dos veces a distintos barcos. La idea, según explicó Nicolás, era agrupar a la tripulación de los países cercanos, en busca de la repatriación.

Tras muchas idas y vueltas, con vuelos cancelados, el 2 de junio se lograron concretar dos vuelos desde la isla de Barbados a la Argentina.

La odisea no terminaría ahí, porque “el vuelo en el que estaba yo se demoró porque había una falla en el avión. Entre espera y viaje tardamos unas 20 horas en llegar a Ezeiza, pero finalmente el 3 de junio llegamos”.

A casi dos meses de haber vuelto a su país, Nicolás rememora: “Si bien teníamos ciertas libertades para desplazarnos, no tocar tierra firme era una sensación que se extrañaba. El cuerpo necesita tocar el pasto, caminar sin tener ese movimiento de las olas, algo firme, jaja”.

De cualquier manera, asegura que estar varado en un crucero, “es prácticamente una burbuja. Entonces la sensación de seguridad ante el virus era mayor ahí que estando en una ciudad”.

Redes

La odisea que vivió Nicolás varado en el crucero quedó plasmada a través de las fotos que publicó en su cuenta de Instagram, @glassman.photos.

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