Por Andrea J. Carpaneto*
Por Andrea J. Carpaneto*
Algunos especialistas en violencia familiar mencionan el caso de Alicia Muñiz y Carlos Monzón como el momento donde se comienzan a quitar los velos de una problemática social como es la violencia familiar (o intrafamiliar como se la denomina también). Lo cierto es que en la década del ’80, se comienza a hablar sobre estos temas, invisibilizados para la mayoría de los profesionales de la salud y de la salud mental. Naturalizados para la sociedad en su conjunto. Incluyendo agentes de la Justicia, Educación, medios de comunicación, profesionales de las áreas humanísticas en general.
Es necesario comprender a la “violencia familiar” como un problema social, que incluye el compromiso de todos los miembros de una comunidad.
Para ello debemos conocer qué se entiende por violencia familiar y cuáles son las modalidades en que se puede hacer presente. Nadie está ajeno a esta problemática, todos podemos llegar a tener contacto, directa e indirectamente, con situaciones en las que se presente en alguna de sus formas posibles la violencia familiar. Estas son: la violencia conyugal, maltrato infantil, maltrato a ancianos, maltrato a discapacitados, adolescentes violentos.
Todas las personas que se sientan interesados por esta problemática y la comunidad en general, puede intervenir y participar activamente, buscando prevenir las situaciones de violencia familiar.
Para emprender este trabajo debemos realizar un trabajo particular, interno y personal, para poder luego enfrentarnos a un tema tan profundo e importante, que implica actuar con compromiso y responsabilidad. En este trabajo personal, los mitos, las creencias, los supuestos implícitos y explícitos y las cuestiones de género son algunos de los temas que resultan indispensables tener en cuenta, a la hora de enfrentarnos a la violencia familiar.
Si esto no sucede, seguramente, serán nuestros propios prejuicios los que no nos permitan observar lo que sucede y comprender este fenómeno en toda su complejidad.
Una medida importante, es aquella que está orientada a informar y capacitar a todas aquellas personas que trabajan y son responsables de las instituciones a las cuales concurren los miembros de una familia que puede estar padeciendo violencia. Estas instituciones son: la escuela, los centros de salud, los centros recreativos. De haber personal capacitado, este podría actuar y comprometerse, detectando posibles casos de violencia y ayudando a refrenar la misma una vez que se descubre que ya se ha instalado.
El compromiso de la sociedad puede surgir a partir de tomar conciencia de la importancia que tiene tolerar las diferencias y respetar al otro, conocer nuestros derechos y los de los demás, buscando la igualdad entre los géneros, intentando resolver los conflictos interpersonales a través de formas no violentas e intentando aprender a actuar lo más asertivamente posible.
Cuando se logra el compromiso de la comunidad es posible crear una red de apoyo social, y de la misma posiblemente surgirían los recursos necesarios para poder contener a las personas víctimas de violencia. Para todo esto es necesaria e indispensable la participación de los medios de comunicación, ya que los mismos tienen la posibilidad de dar lugar a la difusión masiva de información útil y práctica.
De esta manera se estaría enfrentando el silencio que muchas veces rodea las situaciones de violencia y logra perpetuarlas. Se despierta la conciencia pública acerca de la gravedad de estos hechos, que pueden estar sucediendo “puertas adentro” de cualquier hogar.
Es imprescindible contar con presupuesto del Estado, para organizar grupos interdisciplinarios que acompañen, guíen y apoyen a quienes han sufrido, sufren o se encuentran frente a grandes posibilidades de padecer la violencia. Los recursos existentes son escasos para dar respuesta a la demanda de la población. Faltando capacitaciones en todos los ámbitos institucionales. En los últimos años se ha reducido el presupuesto destinado a la atención de víctimas de violencia familiar y violencia de género. Las condiciones de trabajo en las oficinas de atención estatales son paupérrimas, trabajan largas jornadas a diario, sin tener espacios pagos por el Estado para la capacitación constante, debiendo tener que formarse por fuera, en instituciones académicas externas. Además, la falta de condiciones óptimas para el desempeño de este tipo de trabajo que requiere “condiciones especiales” por la problemática que abordan.
En esta nueva etapa de cambios ideológicos que enfrenta nuestro país, es necesario ampliar los recursos del Estado, abrir más oficinas especializadas. Implementar capacitación y supervisión constante. Crear en la comunidad grupos para varones que puedan discutir sobre los modelos machistas y/o patriarcales aprendidos. En este nuevo movimiento es indispensable la presencia de un Estado que destine más recursos para la atención y asistencia de las personas que padecen alguna forma de Violencia Familiar o de Género.
La sociedad ya quitó los velos a la problemática, pero ahora se enfrenta a otro dilema, dónde recurrir, cuáles son los espacios estatales que puedan responder de forma idónea a esta compleja problemática. Las víctimas de violencia familiar, violencia de género merecen ser tratadas con respeto, evitando en todos los casos la re victimización de la que ya padecieron.
Línea 144. Atiende las 24 horas, de manera gratuita y desde todo el país.
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*Psicóloga / [email protected].
