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“Con hojas de libro”

por Fernando J. D’Auría
28 de febrero de 2016 - 00:00
Hojas verdes que reciben el luminoso rayo de sol y que solo ellas son capaces de producir, con este extraterrestre fotón y con terrestres inorgánicos, fotosintatos ricos en energía química con sorprendente capacidad de unión.
Glucosa esencial para dar sustento a todas las estructuras vegetales, con la formación de largas cadenas de celulosa o polímero especial con el cual el árbol logra construirse, desde cada pared celular, dándole un natural cuerpo a su silencioso existir.
Es una fibra primordial que el hombre aprendió a extraer y a modelar para dar un soporte físico a su comunicación social, y que sencilla y cariñosamente llamamos papel.
Una sustancia, el papel, creada por la humanidad para dejar impreso en su planicie las huellas de la historia, las fortalezas y debilidades de su paso por la vida.
Por eso, considero que un libro es…
… “esa mágica creación humana, cuyo soporte celulósico guarda celosamente el secreto de la vida vegetal”.
Son las hojas multifacéticas de nuestros árboles, las que forman el libro de nuestro andar cotidiano por Pilar.
Sí, un libro que guarda la plenitud del saber y que se abre triunfante ante las deseosas ansias de leer.
La lectura, loable acto educativo, que agradezco a los docentes, maestros y profesores, que han sabido y saben seducir pedagógicamente a sus alumnos para aprender esta irremplazable forma de comunicación social.
Y que además logran hacer entender que con la lectura se puede aprender y reproducir conocimientos válidos para comprender hasta los procesos más secretos de la naturaleza y de la sociedad.
Una verdadera trama de relaciones ambientales, entre los árboles que escriben en sus hojas, naturales mensajes de vida, y nosotros que hemos aprendido a transmitir en soporte papel las noticias de nuestro social devenir.
Y entre todos nuestros árboles pilarenses con hojas de libros, de cuadernos, de carpetas es emblemático, en estos momentos de inicio del ciclo lectivo 2016, tener en cuenta a nuestro Tilo. Su nombre científico es Tilia americana. En este caso se ubica en la vereda de la calle Rivadavia de nuestra querida EP Nº1, Domingo Faustino Sarmiento.
Es el último sobreviviente de aquella vereda fresca, sombreada y perfumada por el aroma fragante de las inflorescencias de esta planta que hasta la década de los noventa nos brindaba sus dones botánicos.
Tiene hojas cordiformes (con forma de corazón), de bordes aserrados y son caducas. Sus inflorescencias están formado por perfumadas flores amarillas y blancas pentámeras con una bráctea protectora alargada como un ala, de ahí su nombre de tilia o ala.
Un árbol con hojas de libro, el Tilo… Una Escuela, la EP Nº 1 de nuestro Pilar de siempre, que por décadas sabe transmitir enseñanza y lograr aprendizajes válidos para nuestra sociedad.
Y entre ellos, libros, carpetas, cuadernos construidos con la mágica celulosa vegetal y escritos con el amor propio de la Educación.
Feliz comienzo del ciclo lectivo a todos los docentes, no docentes, alumnos y padres pilarenses.





 
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