Javier Olívola tiene 26 años y es vecino de Solares del Norte, en la localidad de Lagomarsino. Debe movilizarse en silla de ruedas, y el suyo es un problema que a diario vive una gran cantidad de personas en el distrito: los obstáculos que encuentra por no contar con factores de accesibilidad adecuados.
Días atrás, el joven salió a la calle, cámara de fotos en mano, eligiendo el centro de Del Viso como “muestra”. Allí se encontró con la ausencia casi total de rampas, el mal estado de veredas y –no menos importante- un transporte público de pasajeros que parece cerrarles las puertas a pasajeros como él.
“Quiero empezar a manejarme solo, ser más independiente, porque mis padres trabajan –explicó Javier a El Diario-. Nunca había salido de esta manera (aunque llevó un acompañante) y es casi imposible poder manejarse”. Y agregó: “Me asusté un poco al ver lo que encontré”.
Trabas
Hace diez años que Olívola está en silla de ruedas, producto de una distrofia muscular. Desde su casa, reconoce tener “mucho temor a salir solo. Haciendo reclamos logré que hicieran rampas para pasar por debajo del puente de Panamericana y ruta 26”. Ahora espera más logros.
“En Del Viso casi no hay rampas –indicó-, aunque me imaginaba que iba a ser complicado. Saqué fotos en algunos lugares y las subí a Facebook para que se tome conciencia”.
Luego de ese periplo, expresó: “Yo sé que todos los que se encuentran en mi situación deben decir lo mismo, pero quiero que sepan que me frustra un poco ver que la ciudad nada hace para facilitar -o al menos hacer más llevadero- el manejarse en una silla de ruedas por las calles”.
A su vez, Javier opinó que “es difícil, pero pienso que si hubiese más disposición por que las calles y lugares sean más accesibles, nosotros saldríamos más... Espero que nos ayudemos entre todos para poder hacer llegar nuestros reclamos a quienes corresponde. Queremos ser independientes”.
Complicado
El joven vive a ocho cuadras de la ruta 26 y hasta allí tiene que ir para esperar los colectivos, “que además no tienen unidades adaptadas. No puedo encontrar ningún colectivo con rampas”. En este sentido, semanas atrás El Diario recordó que en Pilar una ordenanza hace más de 10 años que obliga a las empresas a tener al menos dos unidades adaptadas, pero nunca se instrumentó.
Además, en su barrio la mayoría de las calles son de tierra, “la de mi casa por ejemplo, es muy difícil andar así por la calle”.
En su recorrida, más obstáculos encontró en la estación Del Viso: “Comprobé que es imposible subirme al tren Belgrano Norte sin ayuda –aseguró-. Los vagones tienen dos escalones para subirse y las puertas son muy angostas... de más está decir que mi silla es más ancha que las puertas”.
Por esto, comentó que moverse en medio de ese panorama “es una complicación, sobre todo los transportes y cruzar las calles cuando no hay rampa”.
La historia de Javier Olívola es una más entre la de tantas personas que a diario necesitan movilizarse en formas no convencionales. Vecinos que deben moverse en una verdadera carrera de obstáculos para tener una vida un poco más llevadera.
El joven añadió: “Se me hace imposible manejarme así, y hacer trámites en Pilar también es difícil, falta más conciencia de la gente pero también quiero empezar a reclamar mis derechos, que es lo que corresponde”.
“Así es casi imposible poder manejarse con independencia. Tengo mucho temor a salir solo”.
JAVIER OLÍVOLA.
El dato
En Pilar, una ordenanza de 2004 obliga a las empresas de colectivos a tener al menos dos unidades adaptadas, pero nunca se instrumentó.