Tribuna del lector: La rebelión de los mansos

por Dr. Marcelo Sorgente

29 de octubre de 2015 - 00:00

¿Somos un pueblo muuuyyyyy paciente, resignado y manso? Los que trabajamos en el contacto diario con mucha gente (en mi caso en un banco y también en mi profesión de abogado), saben de qué hablo. La gente vive quejándose por todo: de las calles eternamente de tierra o el mal estado de las que están asfaltadas -si no es un bache, es un lomo de burro del tamaño y forma del cordón de la vereda-;la falta de señalamiento, ensanche y mantenimiento de las rutas provinciales (las que no cobran peaje, claro); el transporte público, que no cumple los horarios o los micros que a determinada hora van llenos de pasajeros y no paran en algunas paradas; la decadencia de los edificios donde se dice que la educación es pública; los hospitales, que les falta de todo menos pacientes sin obra social (los funcionarios solo se atienden en clínicas o sanatorios privados); la situación de algunos barrios, que cuando el sol se oculta se vuelven tenebrosos e inseguros.

Estos ejemplos son solo una muestra de la ausencia del Estado, no sé si es a propósito o por desidia. Hace ya bastante tiempo que me vengo preguntando lo mismo: ¿Por qué hay personas quejándose de toda esta realidad, pero cuando llegan las elecciones no se hacen cargo y votan mansamente siempre a los mismos? ¿Creen que el maltrato y el padecimiento son así porque sí? ¿Están convencidos de que no se puede cambiar la realidad porque ya le, viene impuesta así?
Creo que lo sucedido el domingo último y con los resultados que se dieron -tanto en nuestro distrito como en la Provincia de Buenos Aires- fue que los “mansos” se rebelaron y descargaron a través del voto una larga acumulación de descontento y hartazgo. ¡Vaya si se expresaron! Es sorprendente observar, el tiempo dirá si se equivocaron o no, cómo se la jugaron. Tal es así, como para elegir a una joven (Eugenia Vidal), que hasta no hace mucho tiempo era una verdadera desconocida, como la primera gobernadora bonaerense y, en nuestra Patria chica, a Nicolás Ducoté, un “pelado” (con todo respeto) que era un forastero en estos pagos, para el cargo de intendente. Ambos tendrán la difícil tarea de volver visible el Estado en aquellos asuntos donde no está, pero también deberán refutar con la gestión -para no defraudar a la parte del pueblo que esperanzada los eligió- los prejuicios ideológicos que, como una mochila sobre sus espaldas, ambos traen desde su partido político de origen.

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