Tribuna del lector: Un llanto de mensajes

Santiago E. Rodríguez Ali*
santirodriguezali@gmail.com
martes, 15 de abril de 2014 · 00:00

En los tiempos que corren en nuestra sociedad ha aparecido un triste factor que es directamente proporcional al estado de la situación en que se encuentra el “modelo” kirchnerista. Los linchamientos son una conducta retrógrada que en ese mismo carácter conllevan algunos mensajes fundamentales.

Por un lado, estamos siendo testigos de un claro derrumbe, en el sentido más profundo del término. Es un derrumbe tríptico, en cuanto ocurre tanto a nivel nacional, provincial y en última instancia municipal, de las obligaciones del Estado de garantizar justicia y seguridad al pueblo. Ambas fundamentales para el desarrollo de la vida cotidiana en paz.

No debemos olvidar que la libertad, nuestra libertad como ciudadanos,  sin justicia, no es libertad. Es quimera.

Esto merece ser calificado como la política de lo peor. No se distingue quién es el delincuente. Hemos tocado fondo.  Frente a la ineficiencia de los gobernantes, que tienen la función exclusiva de utilizar la fuerza que se reservan como monopolio, de dar respuestas a los problemas del pueblo, el pueblo ha decidido actuar. Pero ha errado el camino. El camino correcto es y debe ser siempre por la vía del derecho, por la vía de la paz.

Reclamemos masivamente a los gobernantes responsables de este derrumbe tríptico, pero por favor: ¡No renunciemos a la Justicia!

La situación es grave y me atrevo a considerarla una crisis. Es lo que se llama, y hay que decirlo con todas las letras: Anomia. La violencia social ha tomado la iniciativa de valerse por sus propios medios, avasallando cualquier conducta propia de una sociedad civilizada como la que pretendemos ser, que debería apegarse al imperio del Derecho. Es tiempo de abrir los ojos, nos estamos reduciendo al nivel de los delincuentes perseguidos.

El derrumbe continúa día a día, y las respuestas gubernamentales son meramente declarativas o no existen, fomentando una caída aún más empinada de los valores éticos y de la moral, características ineludibles de una república democrática.

¿Cómo llegamos a este punto tan miserable? La respuesta es simple. Nos hemos olvidado de exigir a tiempo medidas coherentes en materia de seguridad y la situación ha desbordado. Pero además hemos permitido, por haber hecho la vista gorda, una corrupción exacerbada, hemos consentido la negación de la realidad por parte del gobierno (la frase “la inseguridad es una sensación” retumba en mi cabeza) y por sobre todo hemos despreciado la Ley, que ha sido violada incansablemente (pero entonces no nos importó).

A los gobernantes: basta de relatos que niegan realidades, basta de promesas incumplidas. Es tiempo de actuar, estos actos no pueden seguir siendo ignorados ¡Escuchen su mensaje!

A mis compatriotas todos: no renunciemos a la justicia. En cambio, exijamos que ésta sea aplicada. No renunciemos a nuestra integridad, a la civilización. No sucumbamos ante la barbarie. Rehabilitemos la ética y los valores republicanos. De lo contrario nos convertiremos en una sociedad de delincuentes, lo que significa: lo perdemos todo.

 

*Miembro de la Juventud Radical de Pilar.

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