Carta de lector

28 de marzo de 2014 - 00:00

Carta abierta a un sueño que apagan…

 

Sr. Director:

Mis padres, Edgardo Daniel Mosca, y Stella Maris Gonzalez hace dos años emprendieron, a sus casi 50 años, uno de los grandes desafíos de su vida. Montaron en Pilar un jardín de infantes, “Pequeños Angelitos”, y con esto se cumplió el gran sueño de la vida de mi madre. Ella es docente y directora con más de veinte años de trayectoria intachable y siempre soñó con tener una institución digna del amor, respeto y comprensión para los niños.

Como todo en la vida requiere su lucha y mis padres, junto con mi amada abuela, hipotecaron su casa para poder crecer, para poder arriesgar, repito en la mitad de su vida, para poder apostar en Pilar por un futuro mejor.

Apostaron su más preciado bien. Su hogar de toda la vida, porque deseaban brindarle a los bebés y niños, un espacio de excelencia. Y así fue… El sueño de mi madre, se cumplió y se creó el jardín maternal “Pequeños Angelitos”. Se fueron a interiorizar para cumplir todos y cada uno de los requerimientos que el Municipio y la DIPREGEP les pedían para poder crear este establecimiento.

Mi madre y mi padre, muy rigurosos, no deseaban pasar nada por alto. Quería cumplir y que su establecimiento sea digno de elogios, como lo fue. El jardín empezó con 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8 y hasta 9 niños. Nueve familias orgullosas de formar parte de la otra familia que mis padres habían fundado. Nunca olvidaré la felicidad de mi madre, al ver al primer niñito jugar en su propio establecimiento. Nunca olvidaré, mamá, ese acto de fin de año, donde los dos nos largamos a llorar, por esto que se estaba cumpliendo para vos.

Para fundar esta nueva familia, fueron capaces de separarse físicamente y mientras uno vivía en nuestro barrio natal, Ciudadela, mi madre y mi hermano menor se mudaron a Pilar para continuar y terminar con todo.

Así llegamos a este veintipico de marzo. Mi padre me llamó y me comentó que clausuraron su jardín. Mi madre, no podía hablarme, no podía parar de llorar. ¿Por qué? Grité instantáneamente… “Porqué nos falta un papel de los bomberos para continuar con los papeles de habilitación. Los inspectores me felicitaron por el jardín, me dijeron que estaba impecable, pero me comentaron que hasta que no presente dicho permiso, no podré reabrirlo”.

No entendiendo por qué si todos los papeles estaban en trámite y existiendo fehacientemente tantos jardines sin siquiera los papeles iniciados, se metían con el suyo, donde solo quería hacer las cosas bien, y teniendo en cuenta el valor más que elevado de cada trámite, trataba de cumplir lo antes posible con todo.

Desde ese día nueve familias, obligadas, debieron dejar de llevar sus niños a la institución. Y los sueños de mi madre, se vieron tapados con una “clausura preventiva”.

El día de hoy, mis padres concurrieron ante un juez, como fueron citados. Él les comentó que no podía hacer nada para que su jardín continúe funcionando, al menos mientras ellos regularizan esta situación, que debían pagar lo antes posible la suma que se le pide, para terminar con ese papel ($8.000) y que aún así, quedando en un primer piso, siempre es probable, tendrá problemas con su institución. Mi madre decidió dar por terminado su sueño y darle punto final a una gran ilusión que duró un par de meses.

Si me preguntan por qué decidí escribir esta carta abierta, puede que sea por bronca. O tal vez, como un pedido de ayuda al Municipio, tal vez, entederán de esta manera, que detrás de este espacio, no hay negociantes, hay laburantes y gente que ama lo que hace. En vez de alentar a aquellas instituciones que desean realmente funcionar de manera correcta, simplemente las vapulean, las hieren de muerte. Total… Si se mueren, ¿Qué?

 

Nahuel González Mosca DNI 35.069.471

 

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