Hace muy poco tiempo, el 6 de mayo de 2013, Cristina Fernández decía un discurso muy aplaudido por sus ministros, gobernadores, legisladores afines y jóvenes de La Cámpora que se ofrecían para la liberación: “los que pretendan ganar plata a costa de devaluaciones que tenga que pagar el pueblo, van a tener que esperar a otro gobierno”. Por entonces, la divisa extranjera costaba $ 5,15 y las reservas del Banco Central ascendían a más de U$S 38.000 millones.
Luego de nueve meses, el gobierno sigue siendo el mismo, se perdieron más de U$S 10.000 millones de reserva, y a pesar de ello, el dólar oficial hoy cuesta $ 8 y nuestra moneda ha sufrido la mayor devaluación en 13 años. Un 60 % desde que fuera pronunciado el discurso mencionado, y un 25% solo durante el mes de enero.
La frase de nuestra Presidente, bien podría guardarse en libros de historia argentina, frases históricas que quedarán en la memoria colectiva. Su parentesco con la frase “el que apuesta al dólar pierde” expresada por el ex ministro de la dictadura Lorenzo Sigaut en 1981, es evidente.
En aquella época, pocos días después también se dispuso una revaluación del dólar en un 30% -la primera de una serie de devaluaciones-, y los que habían comprado dólares, lejos de perder ganaron mucho dinero.
Pues entonces, y según las propias palabras de Cristina Fernández, la política económica de los últimos meses, ha llevado a algunos, (quizás los mismos de siempre) a ganar dinero a costa del pueblo. Es evidente que esta abrupta devaluación, inmediatamente impactará en los precios internos (inflación) y en el poder adquisitivo de los salarios.
El tipo de cambio es una variable fundamental de nuestra economía. Más allá de pretendidos argumentos patrióticos en contrario. El comercio exterior es fundamental para nuestro desarrollo, y el monto de nuestras exportaciones más importaciones representan casi el 40% de todo el PBI de la Argentina.
Necesitamos los dólares que entran por exportaciones porque debemos solventar las importaciones de bienes e insumos para nuestra industria. Asimismo, para cumplir compromisos internacionales y tener reservas en el BCRA. En los años de la convertibilidad, con el dólar muy retrasado (U$S 1 a $1), nuestra industria sufrió importantes pérdidas, y los niveles de desocupación llegaron hasta el 20%. Recordemos que era más barato importar zapatos que fabricarlos en nuestro país.
El modelo iniciado por Néstor Kirchner, se basaba en los superávits gemelos, fiscal y comercial, y en un dólar competitivo para favorecer a la industria sustitutiva de importaciones y a las economías regionales. Al mismo tiempo año tras año descendían los índices de inflación por lo menos hasta el año 2006 si mal no recuerdo.
De esa política, que con su atrevimiento pudo sacar al país a flote luego de la crisis del 2001, hoy no quedan ni vestigios. Y la mega devaluación impuesta por el Gobierno es tan solo el síntoma de muchas enfermedades, pero la principal es la alta inflación que venimos sufriendo.
De eso no se habla, imponen desde la Presidencia, y la inflación no existe. Inflación: aumento generalizado de precios, que viene ocurriendo año tras año a un ritmo de un 25% anual. El dólar ha sido un precio más, que si queda por momentos retrasado con relación a la inflación general perjudica a las economías regionales (que exportan en dólares pero sus gastos internos aumentan en pesos) y a los sectores industriales.
El jefe de Gabinete habló que $8,00 es un precio de “equilibrio” para nuestra economía. Si ello es así, de continuar el impuesto inflacionario, pronto se desequilibrará.
Al mismo tiempo, por cuestiones históricas y diríamos hasta racionales, en tiempos inflacionarios la clase media argentina se refugia en dólares para preservar el valor de sus ingresos. Desconfía de nuestros gobiernos de turno, y lamentablemente, la realidad nos ha demostrado la razón. Para testimoniarlo, ahí están las frases de Lorenzo Sigaut y de la actual Presidente de la Nación.
Para cambiar esa cultura especulativa en dólares, nuestros gobiernos deben valorar y cuidar nuestra moneda. Una economía sana, nacional y popular, requiere preocuparse por la inflación, madre de todas las distorsiones económicas. Escondiendo el problema detrás de falsas estadísticas y culpando a los comerciantes y trabajadores (que hacen lo que pueden para defender sus ingresos) por la compra de unos pocos dólares, no vamos a solucionar nada.
Esta brutal devaluación, sin atacar la inflación (que para todo el 2014 ya se estima con un piso del 30%) es un cóctel explosivo, que probablemente se retroalimente con un mayor aumento de precios, a la larga otras devaluaciones, y una mayor pérdida del poder adquisitivo de los salarios.
El gobierno está aún en condiciones políticas y económicas para detener esta bola de nieve. Debe admitir la enfermedad y procurar su cura con un plan integral que genere confianza en la sociedad. La negación es una de las peores consejeras. De lo contrario, seguirán ganando los mismos de siempre, y no son precisamente los más necesitados.
*Dirigente socialista y excandidato a concejal por el FAP.
