Tribuna del lector: Los perros de la basura

por Horacio Canesi
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8 de octubre de 2014 - 00:00

Muchos de ustedes, al leer el título de la nota, pensarán en los diversos malestares y malhumores que nos causan aquellos pequeños seres, que por necesidad de alimento o por curiosidad animal, destrozan las bolsitas que atesoran la diaria basura que producimos.

En la mayoría de los casos, nosotros los humanos los maldecimos, gritamos o agredimos.

Pero lamentablemente, no es éste el tema al que deseo referirme. O tal vez sí, para el futuro de ellos y de nosotros.

Unos días atrás, realizando la saludable y periódica caminata que nos ayuda a lograr el bienestar corporal y mental en las agitadas jornadas vitales, observé al costado de la calle colectora del Acceso Norte en Pilar, una bolsa negra en la que se hallaba el cuerpo inerte de un perro de tamaño grande cuyo color es muy difícil detallar por su estado de descomposición.

Creo que esta situación es conocida por todos, y se presenta con una frecuencia que no debería existir.

Y es aquí, en que atravesando un estado de indignación y tristeza, continué mi caminata reflexionando sobre las conductas humanas frente a estos animales que han compartido muchas horas y días de nuestras vidas, solitarias o en familia compartiendo y alegrándonos nuestra existencia.

Por qué razones muchas personas, luego de haber recibido producto de un regalo o comprado un cachorro, y de haberle brindado cariño y alimento, que habiéndonos acompañado junto a nuestras familias durante mucho tiempo, de habernos cuidado las viviendas durante nuestras ausencias temporales, de darnos compañía en momentos de soledad o enfermedad, de recibirnos felices luego de una jornada laboral y de brindarnos alegría a nuestros hijos y a nosotros en los juegos que acarician los días, colocan en su natural final, dentro de una bolsa de consorcio que abandonan sin sentimiento ni remordimientos a la vera de un camino.

Ese animal, que también podría haber sido un gato u otra mascota, que ha compartido momentos de la vida con nosotros, ¿no debería tener un destino diferente al de la basura que todos descartamos, sin preguntarnos nada y mecánicamente? ¿No merecería una despedida más digna?

¿No podemos destinar algo de energía, de tiempo y de recuerdo para finalmente darle una simple y merecida sepultura?

 

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