Tribuna del lector: A nuestros caídos el 19 de Julio de 1976

por Matias Pana.
viernes, 19 de julio de 2013 · 00:00

El 19 de Julio se conmemoran los 37 años de la caída en combate de Mario Roberto Santucho, Secretario General histórico del PRT y Comandante del ERP.

Ese día, caía Mario Roberto Santucho, símbolo por excelencia de la lucha por la toma del poder y la revolución socialista. Y este hombre con tantos otros compañeros y compañeras como él dieron la vida por un país justo, porque los trabajadores fuéramos los hacedores de nuestro destino. Han pasado 37 años desde la derrota del proletariado y de sus organizaciones revolucionarias y hoy podemos afirmar que a nuestros compañeros no los asesinaron por sus errores. A nuestros compañeros los mataron por sus aciertos.

Con Santucho a la cabeza, el PRT avanzó en todos los frentes sociales posibles: con el FATRAC, en el campo del arte, con el FAS en una organización de masas amplia que trascendiera la propia estructura y se nutriera de los integrantes de todo el campo popular, con el Movimiento Sindical de Base para dar respuesta sindical en el ámbito laboral, con la Junta Coordinadora Revolucionaria, uniendo las expresiones revolucionarias latinoamericanas, con la Juventud Guevarista integrando a todos los jóvenes y con el ERP organizando un ejército popular propio de todas las expresiones revolucionarias de la época.

Son esos aciertos los que nos dan fuerzas para continuar con los viejos compañeros y con los jóvenes que nos levantamos y luchamos contra toda injusticia en los barrios, en las fábricas, en las facultades, en las calles, en los pueblos que luchan contra la minería a cielo abierto, en las madres que luchan contra el paco que mata a sus hijos.

La realidad hoy nos marca tiempos muy distintos, pero no por eso desalentadores. Entre los años 60 y 70, el auge de masas empujaba: la sociedad estaba dispuesta y convencida para cambiar lo establecido; la situación política latinoamericana y mundial era determinada por un momento de ascenso en la lucha de clases. En Latinoamérica, con los golpes de Estado en cada país, las luchas fueron aplastadas por dictaduras sangrientas y nuestro suelo fue bañado con la sangre de nuestros compañeros, de nuestros jóvenes, de nuestros trabajadores, de nuestros pobres. Las dictaduras se llevaron lo mejor del campo popular.

Creyeron que con sus desapariciones aplastarían la lucha de clases, desaparecerían a los rebeldes, se garantizarían la eterna gobernabilidad o por consenso o por represión como hace la burguesía o dictarían por decreto el fin de las ideologías. Soñaron con el dominio eterno. Pero todo en la historia de la humanidad avanza y cambia. La lucha de clases nunca se detuvo, pese al idealismo de la burguesía de haberla detenido.

Con el avance de la crisis mundial, la lucha sigue. Y aunque hoy ya no cunda entre nosotros aquel auge de masas con que se embanderó nuestro pueblo y que fue la cuna de los revolucionarios, sí nos encuentra reconstruyendo lo destruido. Nunca le tuvimos miedo a las ruinas. Somos el proletariado que lentamente comienza a organizarse, que construye por sobre las ruinas donde quisieron dejarnos enterrados, que se nutre de la experiencia de nuestros antecesores, el impulso de nuestros jóvenes y la fuerza  de los 30.000 desaparecidos.

El 19 de julio de 1976 caían en combate Mario Roberto Santucho, Domingo Menna, Benito Urteaga, Fernando Gertel, Ana María Lanzillotto y Liliana Delfino. Que sus muertes no sean en vano depende de nuestras ganas de pelear, de comprometernos, de organizarnos, de luchar, de unirnos y, sobre todo y excluyentemente, de vivir. El mejor homenaje a un revolucionario es continuar con lo que comenzó y así pretendemos hacerlo. Como ellos merecen. Como Santucho pregonaba: donde hay un hombre o una mujer del Partido, está el Partido.

Estamos…

 

* Partido revolucionario de los trabajadores.

 

 

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