Cartas en el Pilar del año 1822

 Nuestro distrito contaba con dos postas: Pinazo, a orillas del arroyo, y Posta del Pilar, en lo que hoy es Fátima. Los días 15 de cada mes la correspondencia partía para estos pagos.
domingo, 19 de mayo de 2013 · 00:00

  

por Alberto Allindo

 

En plena transformación desde el Pilar Viejo al actual ejido urbano, esa pequeña comunidad que era nuestra actual ciudad  por los comienzos del siglo XIX, nos llena de preguntas y curiosidad. En aras de ir sumando acontecimientos históricos que nos permitan entender qué sucedía en aquellos años, hoy acompañamos un detalle de significancia que reseña el traslado de correspondencia entre los pueblos de la campaña bonaerense.

Recordemos brevemente el hondo significado que tenía lo escrito por aquella época. Cuesta asimilar en estos años de tecnología digital, que el papel era la forma primordial de comunicación hace 200 años atrás. Sumemos las distancias enormes a recorrer y la inexistencia de caminos adecuados.

 

En la Colonia

En los albores de la colonia, los correos eran los célebres chasquis, quienes de a pie (en tiempos precolombinos) o a caballo, viajaban de posta a posta. Estas, eran precarias construcciones ubicadas en los principales caminos, con escasas comodidades y con corrales, donde se relevaban los caballos y se proporcionaba descanso y comida a los viajeros.

Su encargado se denominaba maestro de posta, quien era una persona con ciertos recursos, distinguida y representativa del lugar. Era necesario que supiera leer y escribir, ya que debía firmar los “pasaportes del correo”, para luego ser entregados a sus vecinos.

Por el año 1791, Don Manuel de Basavilbaso, Administrador Principal de Correos de Buenos Aires, redactó el célebre “Reglamento de Postas”, el que por su cumplimiento en años venideros aportó importantes datos para el estudio de estas cuestiones.

Luego del 25 de mayo de 1810, ese sistema de comunicaciones continuó funcionando casi del mismo modo, aunque los gobiernos patrios realizaron algunos pequeños cambios. A partir de 1817 y como consecuencia de las dificultades que presentaba el traslado de correspondencia, se estableció que no debían enviarse cartas sueltas sino guardadas en valijas de cuero o de suela y que las mismas estuvieran provistas de cinturones y hebillas para que quedaran debidamente cerradas.

Si a la posta llegaban cartas con carácter de urgente, debían ser despachadas en el acto. Las reformas de 1817 también estipulaban que el maestro de posta podía tener “mesón, posada o pulpería”, y era obligatorio que hubiera un cuarto en el que el viajero y los correos pudieran hospedarse. El alojamiento era gratuito, al igual que el alimento que recibieran; solo se podía cobrar por el trabajo de “cocinado”. Asimismo, estaban obligados a conservar el aseo del cuarto. Obviamente, y como el lector comprenderá, era difícil cumplir acabadamente estas órdenes dos siglos atrás, con una generalizada escasez y pobreza en la campaña.

 

Postas en Pilar

En nuestro distrito se recuerdan dos postas. Una era la “Posta de Pinazo”, a orillas del arroyo hoy con el mismo nombre. También fue conocida como posta de Escobar, ya que hubo un tiempo en que el arroyo Pinazo se lo denominaba Cañada de Escobar.

La otra, conocida ajustadamente como “Posta del Pilar”, estaba cerca de la actual localidad de Fátima y ha sido objeto de estudios en las Jornadas de Historia Del Pilar que auspicia nuestra Junta de Estudios Históricos.

En marzo de 1821, Bernardino Rivadavia regresó al país y fue nombrado ministro de Gobierno del General Martín Rodríguez. Inició profundos cambios sociales, como por ejemplo, la declaracion de inviolabilidad de la propiedad, el ofrecimiento de tierras en propiedad en la Patagonia y útiles de labranza a los pobladores, la supresión del diezmo y la alcabala (gravámenes coloniales sobre propiedad) y el establecimiento de la contribución directa sobre el valor de la tierra y los capitales empleados.

Crea el Registro Oficial para la difusión de normas gubernamentales, y de allí, estractamos este decreto de 1822.

Por el decreto del 3 de enero de 1822, se divide la campaña bonaerense en cuatro secciones postales, estableciéndose un correo mensual a cada una de ellas. Nos permite comprender qué pueblos emergían en importancia por ese entonces y las dificultades para integrarlos. La comunicación, en toda época, es fuente de poder más allá del servicio social que comprende, y los primeros gobiernos patrios deseaban tenerla para sí.

La primera Sección y para nuestro interes, abarcaba los pueblos de San Isidro, San Fernando, Conchas (hoy Tigre), Pilar, Capilla del Señor, Cañada de la Cruz, Areco, Baradero, San Pedro y San Nicolas. El correo salía el día 15 de cada mes, por lo que era la primera carrera en realizarse desde Buenos Aires.

La segunda sección abarcaba San José de Flores, Morón, Luján, Guardia del mismo nombre, Fortín de Areco, Salto, Arrecifes, Rojas, Pergamino y Mercedes. El correo salía el 18 de cada mes. Para la tercera seccion, estaban los pueblos de Remedios (hoy Lanús), San Vicente, Chascomús, Ranchos, Monte, Lobos y Navarro. El correo salía el 21 de cada mes. La Cuarta sección comprendía Quilmes, Ensenada y Magdalena, saliendo el correo el 24 de cada mes.

 

 

Desde un real
El decreto establecía el valor de cada pieza, desde un real hasta dos y medio de dicha moneda, dependiendo del peso de la pieza. Curiosamente, obligaba que “ningun correo permanecerá en los pueblos, Guardias o Curatos” en un plazo no mayor a dos horas de su entrada, por lo que se aseguraba su inmediatez en el recorrido, repetida queja popular por ese entonces.

Cada 15 de mes, salía el correo a los pagos de la Virgen Del Pilar. Es posible que algun jinete inquieto suplantara ese correo oficial y se tuvieran noticias relevantes más seguidas; pero nos da la pauta de lo dificil de las comunicaciones dos siglos atrás por estas tierras. 

Comentarios