por Alejandro Lafourcade
Luego del torrente digital que tuvo su auge en los ’90, más de uno en su momento se animó a firmar el certificado de defunción del disco de vinilo. Nada más equivocado: recuperado, el viejo y querido formato está de vuelta y ya son muchos quienes se decidieron a desempolvar viejos tocadiscos para disfrutar una vez más de ese sonido incomparable.
En Pilar, si bien no hay una comunidad de melómanos organizada, el negocio de la compra y venta de vinilos está teniendo un buen pasar. “Trabajo con vinilos desde hace cinco o seis años”, indicó Ariel Ania, del local Pagano Store. “Costó al principio porque en ese momento no se había producido el estallido que hay ahora, a la gente le chocaba un poco”.
Sin embargo, y contra lo que podría pensarse, afirmó que “gracias a Internet, por ejemplo, el vinilo se volvió a hacer popular”. Paradójicamente, el medio digital por excelencia sirvió para que volviera el disco, según Ariel “porque a la gente ya le parece muy fácil conseguir el material, en cambio el vinilo le volvió a dar ese sentido de aventura que le estaba faltando”.
En este sentido, opinó que hoy en día “todo se encuentra en Google en segundos, en pocos minutos se baja. En vinilo tiene eso de ponerse a buscar en una batea y de pronto encontrar algo, una tapa que llama la atención...
Es la experiencia de volver a escuchar la música de esa manera. Para muchos es nuevo, para una persona mayor a 40 años no, pero los jóvenes lo están descubriendo ahora”.
Ritual
Preparar la bandeja, quitar el disco de su envoltorio, colocarle la púa, sentir ese ruido tan peculiar –aún cuando produzca “fritura”- es parte del ritual. Que lo diga si no el DJ pilarense Daniel Ferrari, dueño de alrededor de 3.500 ejemplares, desde aquel vinilo de Guns and Roses (Appetite for destruction), hace poco más de 20 años.
“En el vinilo encontrás matices que no aparecen en un CD o MP3, que es música comprimida –asegura-. El sonido es incomparable”. Además, agregó que “más allá de eso, está relacionado con poder ‘tocar’ la música, pasando la yema de los dedos por los surcos. Es tener la música en la mano, y no envasada en una computadora. Es buscar un tema y encontrarlo con solo mirar la tapa del disco, sin siquiera leer la lista de temas. Esas cosas no las puede dar una computadora”.
Por eso, a aquellos que tienen vinilos y no los usan, les aconsejó “que los conserven y los usen. Económicamente están caras las bandejas giradiscos nuevas, pero el que puede hacerlo no se va a arrepentir”.
Algo similar expresó Ariel: “a los que tienen giradiscos en un armario les digo que lo desempolven, vale la pena la experiencia, sin dejar de lado las excelentes prestaciones que tiene la música digital. Una cosa no quita la otra”.
Resurgen
Sin ser solo una cuestión de los clientes, la industria también relanzó al vinilo: en los últimos tiempos hubo remasterizaciones, como la discografía completa de los Beatles, y muchos títulos nuevos. “En los ’90 hubo como un decaimiento del vinilo –recordó Ania-, se siguieron lanzando pero en cantidades muy limitadas. Por eso algunos títulos de esa época ahora valen una fortuna, y otras cosas se están reeditando”.
Mientras tanto, en el país hubo artistas que mantuvieron aunque sea una pequeña porción de edición de vinilos, como en su momento Fun People o Los Natas, quienes siempre defendieron el formato. “Con el iPod o Youtube se perdió el concepto del álbum, que es lo que el artista quiere que llegue a la persona”, explicó el propietario de Pagano.
En cuanto a los clientes, “buscan Beatles y heavy metal, porque el metal siempre se mantuvo como en un rincón, olvidado, por eso los de ese género nunca fueron tenidos muy en cuenta en este formato y ahora son muy buscados”.
Algunas cosas no se consiguen nuevas y cerradas, por eso hay que apelar al disco usado. “Saber mirarlo, entender cuáles son las rayas que generan solo fritura o provocan un salto. Eso lo va dando la experiencia” comenta.
Por su parte, Ferrari recordó que “Charly García hace unos días sacó su última placa en vinilo, y también lo habían hecho Gustavo Cerati y Miranda!. Ojalá sea el reflote de la industria nacional del vinilo”. Si es por gente como ellos, el vinilo siempre gozará de buena salud y no habrá PC que le haga sombra.
Cuestión de precio
En cuanto a los precios, un vinilo nuevo cuesta en promedio unos $250. “Hay cosas usadas muy difíciles de conseguir y son más caras”, explicó Ariel Ania, refiriéndose “a bandas de rock nacional, sobre todo alternativas o de heavy metal, esos son los de precio más alto. También discos muy viejos de los ’60, como algunas cosas de Johnny Cash editados por Sun Records, pero son inaccesibles para nosotros”.
500
Pesos puede costar, por ejemplo, el disco debut de Don Cornelio y la Zona.
