Carta de lector

martes, 26 de marzo de 2013 · 00:00

En este 24 de marzo

 

Sr. Director:

Este 24 de marzo se cumplieron 37 años del golpe cívico, militar, eclesial y hasta periodístico de 1976. La memoria activa se reencuentra con su pasado, con sus utopías más marcantes; con los rostros de hijos, amigos y compañeros que ya no están.

Este ejercicio de memoria nos lleva a recordar y a repudiar aquellos días donde se leía, se estudiaba y hasta se cantaba a escondidas, donde se quemaban los libros, se apaleaba a los estudiantes, se cerraban los teatros, ediciones gráficas, se censuraba al cine y a la música y se lograba lo imposible: se interrumpía la cultura.

Artistas, intelectuales y luchadores de base, buscaban su salvación en el desarraigo. Eran los días en que siempre había alguien que no volvía, que no estaba en ningún lado, y la propaganda instalaba en el inconsciente lo siniestro: “por algo será”, “los argentinos somos derechos y humanos”.

La dictadura no terminó, continuó escarbando en las débiles y jóvenes democracias, aún cuando las Juntas Militares fueran juzgadas. Vivimos con estupor y llanto las leyes de “perdón” y los indultos. Vimos a los monstruos en las calles y la dureza de convivir con quienes fueron los autores de nuestra muerte colectiva, y hoy, un poco más acá, vemos a muchos de éstos morirse sin haber recibido su condena.

La actual política de Derechos Humanos presenta dos situaciones asimétricas. Por un lado debemos reconocer la actitud política frente a hechos paradigmáticos, para que en nuestra memoria quedaran plasmadas como tópicos, las fotos de momentos históricos y cuerpos de leyes dignas de celebración.

Por otra parte, nos vemos en la necesidad de contrastarla con otros hechos tan significativos como hirientes para nuestra realidad, que sobresalen como verdaderos íconos antagónicos y se transforman en la contradicción del propio discurso.

Es necesario que indaguemos transversalmente si es posible sostener que desde esta misma matríz discursiva se haya engendrado y dado a luz a artículos de una Ley Antiterrorista que siembra el terror, una Ley de Semillas que da campo libre a otros monstruos, en este caso Monsanto y otros cientos de su talla; políticas de Recursos Naturales diseñadas por y para multinacionales que con la intención del intercambio de riqueza por veneno, se aprestan a pisotear nuestra soberanía nacional, y la soberanía cultural de nuestras naciones autóctonas.

Nos corresponde todo el derecho y nos habilita nuestra obligación de conciencia para pedir explicaciones por los cientos de casos como la desaparición de Luciano Arruga, los ataques a las comunidades originarias en nombre de la soja, y la más compleja de todas: la historia de Julio López, que en el afán de ser un hombre justo, esta realidad lo convierte en un nuevo capítulo oscuro y absurdo de la historia argentina, como un hombre que desapareció dos veces.

Los ideólogos de nuestros golpes, con el fin de destrozar a los pensadores, y a las democracias de Latinoamérica, para aplicar la lógica de ahogarnos en un capitalismo en serio, generando deudas a los Estados que solo se pagaban con otras deudas y por lógica con el empobrecimiento de nuestros pueblos.

En esa eterna disputa entre lo urgente y lo importante, también es un deber indicar que los planes de asistencia son importantes, porque atienden lo urgente, y es menester solucionar lo urgente. Está más que claro que estas soluciones ad hoc deban dejar de ser un parche y ser acompañadas de políticas integrales, de planes que restablezcan la dignidad, que generen actividad sostenible, con el objetivo de lograr los cambios estructurales necesarios y alcanzar la erradicación de los vicios de la política.

Los Derechos Humanos son instituciones universales que vienen a regenerar las heridas, a restablecer lo que corresponde, a investigar y a accionar mecanismos para prevenir los atropellos, y naturalmente para emitir sin ningún tipo de miramientos, juicios críticos y lúcidos, con el objeto de clarificar con la palabra, en el caso que las aguas bajen turbias.

Con la intención de democratizarnos “en serio” y no de alimentar lógicas capitalistas, los artistas, los militantes, los pensadores, los políticos, los ciudadanos de a pie, tenemos la intención manifiesta de estar juntos aún con nuestras diferencias, virtudes y dificultades, para que nunca más el atropello sea legitimado, para que nunca más nuestra soberanía sea vulnerada, y para que la impunidad de los monstruos de hoy, no sea mañana objeto de megacausas. Que nunca más, sea nunca más, en serio

Este 24 de marzo nos unimos no solo con la intención de conmemorar, sino de recuperar los sentidos y sobre todo los del cariño y la alegría, para obtener la lucidez, para estar atentos y observando todo el espectro, para ajustar el foco en visualizar quiénes son los monstruos de hoy, porque sabemos que históricamente la amenaza es siempre la misma, pero los que hacen la tarea, son otros. Los de antes se están muriendo, los nuevos se funden en el común de la gente, en los funcionarios que se corrompen en el presente, en los mercaderes oportunistas. Estos son los monstruos de la democracia.

 

Colectivo IDH (Integrantes de Derechos Humanos de Pilar) – Casa de los Derechos Humanos de Manzone.

 

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