“La ropa se tiene que adaptar a nosotros, no nosotros a la ropa”

Con sus vestidos logró instalarse como referente en Pilar. Apuesta a “crear sensaciones” desde su local céntrico. Desafía a los expertos, descree de la moda y anima a las mujeres a encontrarse con su esencia.
 
domingo, 24 de marzo de 2013 · 00:00

 

por Celeste Lafourcade c.lafourcade@pilaradiario.com

 

Sus primeras clientas, las muñecas, le dieron las pautas iniciales de la difícil tarea de tratar de conformar a las mujeres sin más herramientas que la aguja y el hilo. Directa y cálida, Deby Szmuch conoce a la perfección el contradictorio pero no poco apasionante universo femenino no tanto por sus propias, y admitidas, complejidades sino por la experiencia de vestirlo desde hace más de 20 años.

Antes de instalarse en Pilar, hace seis años, su indumentaria rodó por ferias de Palermo, percheros y bolsos que visitaban a domicilio. Hoy, el espíritu trotamundos encontró dónde acomodarse en un local con alma de casa, sobre la calle Yrigoyen, al que sus clientas llegan y se quedan.

“Yo quiero que la gente venga y lo disfrute, como si estuviera en su casa”, afirma Deby a El Diario en una charla descontracturada como sus vestidos –sin cartón- como anticipa su marca. Precursora en la tendencia mundial, incipiente aun, de hacer del espacio de compra un lugar cada vez más ameno y personalizado, Deby apuesta a la importancia de “crear sensaciones”.

“Por lo despersonalizado que fue todo hasta hace muy poco hay una necesidad de quebrar con eso”, explica la diseñadora de 40 años cuyas creaciones son invitadas casi excluyentes de casamientos, cumpleaños de 15 y fiestas pilarenses.

 

-¿Qué sensaciones acompañan al hecho de comprar ropa?

- En mi local, las mujeres quieren sentir que lo que lleven fue hecho para ellas. Acá no hay estereotipos, tengo clientas de 8 años que quieren vestirse de princesas hasta mujeres de 80. Yo quiero que todas las mujeres puedan seducirse a ellas mismas y seducir. Reencontrarse con la persona que fueron alguna vez y que quizás por las obligaciones dejaron de ser. Quizás a mi no me gusta exactamente lo que tenés puesto porque tiene que ver con el gusto del otro, pero el espejo me devuelve lo que estábamos buscando.

-¿Cómo se maneja que te pidan algo que a vos no te gusta?

- Si venís cuando lo estoy haciendo me ves (risas). Pero por lo general trato de hacer cosas que en algún punto me las pondría.

-¿Qué depositan las mujeres en la ropa? ¿Qué carga le ponen?

- Toda, como a los zapatos. Todas las decepciones y depresiones están puestas en los zapatos. Además es un objeto fetiche, te estiliza, te levanta, la odiás a la otra por el zapato que tiene, la envidiás… al zapato le ponés todo y a la ropa casi. Con la ropa tratamos de mostrar lo divinas que podemos llegar a estar.

-¿La ropa nos habla del estado de ánimo también?

- Sí, tengo clientas que puedo decirte de qué color pueden llegar a venir vestidas porque tiene que ver con cómo taparon con capas de problemas existenciales lo que realmente son.

-¿Al gusto no lo condiciona la moda?

- Tiene que ver con las edades, hasta los 25 años te condiciona y a partir de esa edad buscás lo que querés ponerte y no te importa lo que vendan las marcas.

-¿Qué identidad tiene tu ropa?

- Deby…(risas). Lo mío es lo descontracturado, lo romántico. Pero me gustan las mezclas porque yo no soy una sola cosa. La gente también es un montón de cosas. Y trato de ir ampliando mis horizontes.

-¿Te peleás con tus clientas?

- Sí (risas), es una pelea muy divertida.

-¿Cuál es el error más frecuente a la hora de vestirse?

- Pensar que tapando estilizan y en realidad cuando tapás pasas a ser como una cebolla, redonda y llena de capas. Todos los cuerpos tienen algo, el escote, la espalda, los tobillos.

 

 

La frase

“El error más frecuente es pensar que tapando se estiliza y cuando tapás pasas a ser como una cebolla, redonda y llena de capas”.

 

 

Palermo 2001
Aquellos locos días de copar la calle

Parte de la generación de diseñadores que explotó en el 2001, copando calles y ferias palermitanas, Deby reconoce que ese colectivo fue el motor y la inspiración para que hoy el diseño de indumentaria sea un boom entre la nueva generación de adolescentes y jóvenes.

“Somos dinosaurios”, afirma con gracia y destaca “los que somos de esa generación, la mayoría pudo abrir un local”. Al mismo tiempo, recuerda que fue “la necesidad de salir a mostrar lo que uno tenía” lo que los llevó a las ferias cuyo ocaso llegó cuando la originalidad fue invadida por la reventa: “Se fue sumando gente que empezó a revender lo que encontrabas en cualquier local. Hoy en las ferias de Palermo uno de cada 20 es diseñador”.

 

¿Qué recordás de aquellos días?

-Podías hacer cualquier cosa, me acuerdo que hice una pollera de verano y le puse flores de tela de un tapado y una polaca se la llevó. La mayoría de mis clientes eran europeos porque lo mío era medio desquiciado. Hice polleras con todos los retacitos que me iban sobrando. Podíamos hacer lo que se nos daba la gana. Cuando nos veíamos los fines de semana era: ¿qué hiciste?, ¿dónde encontraste tal insumo? Todo el rato eran tormentas de ideas.

 

 

- Habiendo podido comparar ¿Las clientas de Pilar tienen alguna particularidad?

- Es totalmente distinto el mundo del pueblo con el K50. Yo trabajo para el pueblo, sé que en el K50 no cuento. La mujer de Pilar es clásica, tuve cosas colgadas que las tuve que sacar porque no se vendían. O quizás se lo prueban 100 personas pero nadie se lo lleva porque no se animan. Sé que en Capital un día lo cuelgo y lo vendo.

Comentarios