por Celeste Lafourcade
Entre hormas, máquinas de coser, tacos y media suela, Juan Manuel Basabez pasó mucho más de la mitad de su vida. Abrazado a un oficio en vías de extinción el hombre de 55 años, vecino de Manuel Alberti pero afincado comercialmente en el centro de Pilar, reivindica su vocación.
Exponente de un rubro que florece con las crisis, desde su local “El Rápido” –donde también aprendió a afrontar con creatividad la década del descarte en los años 90- le da una nueva oportunidad a calzados y carteras.
Desafiando prejuicios se puso al frente del Rotary, una institución con fama elitista, donde canaliza su vocación de ayudar.
1. ¿Dónde aprendió el oficio de zapatero?
-Lo aprendí hace 35 años de un amigo, un señor que debe hacer 60 años que está en el oficio. Empecé ayudándolo, sin cobrar sueldo. Antes era así, aprender y agradecer. Me enseñó lo que él más sabía y me fui perfeccionando con el tiempo. Se aprende con el zapato, sobre los errores y también fui a estudiar la parte de ortopedia.
2. ¿La profesionalización del zapatero le hace bien al oficio?
-Yo pienso que sí. Para arreglar calzado se aprende un poco más mirando, estando en el ruedo, pero en la fabricación de calzado a la que también me he dedicado, ahora está la tecnología, los modelos por computación. Siempre hay que mirar para adelante.
3. ¿Qué va a pasar con el oficio cuando se acabe su generación que quizás es la última que aprendió algo más artesanal?
-El oficio de zapatero remendón cada día es menor porque la tendencia es hacer y tirar. Pero pienso que va a desaparecer muy de a poco. Todo lo que tenga un valor alto la gente lo sigue arreglando. La tendencia es reciclar, en eso entra el calzado, las valijas, las carteras.
4. Este rubro es un termómetro social y se dispara cuando hay crisis. ¿Hoy cómo está?
-Se nota un poco de crisis pero hubo tiempos peores, como en el 2001. La gente venía más porque trataba de arreglar todo lo que podía porque no podía comprar nuevo.
5. ¿Cuál es el principal motivo por el que viene la gente a su negocio?
-Acá vienen para arreglar calzado, valijas, mochilas. Salvo algunos calzados ortopédicos, acá es todo reciclaje y mucho a mano. Soy un defensor de las máquinas y que te hagan el trabajo más fácil pero hay cosas que hay que hacerlas a mano y nada más.
6. ¿Cuántos remiendos se banca un zapato?
-Según la calidad del cuero. Hasta dos o tres remiendos se banca. Otra cosa es el reciclaje, como las tapas, que es como cambiarle la goma a un auto, se banca más. Y depende de cada persona, de cómo cuida el calzado.
7. ¿Es frecuente que le traigan zapatos carísimos y con poco uso para arreglar?
-Sí y hay una causa. Hay calzados que se pagan por marcas, si una persona tiene dinero puede sacar una marca y posicionarla en el mercado, esa marca se la pone al calzado sin saber hacer zapatos y lo saca a la venta. La marca a veces es muy cara y el zapato no lo vale.
8. ¿Cómo se las arreglaba en la época del “use y tire” de los 90?
-No se arreglaba, entonces trataba de vender. Fabricaba zapatos ortopédicos para chicos y le ponía el valor agregado que era el cuero, porque venía mucho de Brasil pero era todo plástico. Me mantuve, soy un tipo muy agradecido por el oficio. Ahora no me estoy retirando pero estoy en una meseta. Mis hijos aprendieron y yo creo que uno va a seguir. Es un oficio muy digno. Uno se siente bien haciéndolo, cuando terminás un calzado, lo ves y es una satisfacción.
9. ¿Qué lo llevó a involucrarse en el Rotary en su localidad, Manuel Alberti?
-El ser humano ya de por sí es de ayudar, a veces uno se tiene que organizar para dar. Con un grupo de gente tratamos de organizarnos desde un lugar que ya es reconocido mundialmente y aparte para darle una identidad a Manuel Alberti. Lo hice porque el espíritu solidario uno lo tiene y hay que desarrollando. Con mi mujer en nuestra casa teníamos un “desayunador” desde el 95 al 2001. Más que llenar el estómago queríamos llenar el vacío de hacer cosas y con un grupo de gente empezamos a enseñar oficios, eso se extendió y es una ONG que se llama ADRA. Cuando te ayudaron tanto en la vida como me ayudaron a mí decís ¿Por qué no puedo ayudar?
10. ¿El Rotary tiene fama de elitista, hay gente a la que le llama la atención que un zapatero sea el presidente de la entidad?
-Sí, algunos se sorprendieron pero yo no los culpo, la sociedad es así. Gente que ha comentado eso con el tiempo se da cuenta que no es necesario ser presidente de una corporación para ayudar de corazón. Ahora hay muchas actividades, empezamos con una campaña “El Rotary a los pies de los niños”. Para sacar el famoso estigma de elitista, bajamos a los pies de los chicos y hacemos plantillas. Empezamos con el jardín Campanita de Del Viso, van médicos ortopedistas, hacen el diagnóstico y entregamos las plantillas gratuitas. Queremos hacerlo ahora cuando son chicos para prevenir un montón de situaciones cuando son grandes como pie plano o problemas en las cervicales. Es un trabajo a largo plazo.
La Yapa
¿Zapatos eran los de antes?
-No, hay zapatos muy buenos ahora en Argentina, en cuero. En cantidades Brasil está en primer lugar, una mediana empresa hace 5 mil pares por día pero en plástico. Argentina produce menos pero de mejor calidad, debe ser la segunda potencia en calzados después de Italia.