por Fernando Morales
Experimentado. Ese es el adjetivo que sobresale entre tantos después de hablar con Eduardo Alan. Su historia, como la del resto de los pilotos que se le animaron al Rally Dakar, es la historia de quienes intentan superar un desafío. Se distingue, sin embargo, por su experiencia, en el sentido de conocimiento, y experiencias, de haber presenciado. En sus cinco participaciones en la carrera más exigente del planeta, siempre con moto, Alan las vivió todas. En 2009 pasó 12 horas extraviado en el desierto de Mendoza, en 2011 se fracturó manos y brazos en un accidente, al año siguiente el príncipe qatarí Nasser Al-Attiyah le aplastó la moto con el Hummer y este año renovó su repertorio de anécdotas.
Eduardo completó el Dakar por 4ª vez (solo abandonó en 2011 por las fracturas) y, en esos 8.000 kilómetros que unieron a Perú, la Argentina y Chile, corrió para colaborar con la causa del LALCEC de la lucha contra el cáncer, se quebró un dedo, se durmió dos veces arriba de la moto cruzando Los Andes y vivió de cerca el accidente en el que perdió la vida un colega francés. Así y todo, arranca su charla con El Diario diciendo que “fue un Dakar mucho más tranquilo”.
- ¿Qué distinguió a este Dakar de los demás?
- Esta vez lo encaré con la idea de disfrutar un poco más de la carrera y hasta el día de descanso logré el objetivo. Estaba muy bien entrenado, navegué bien y la moto llegó sin un rasguño. Hasta ahí todo bárbaro, íbamos con esa idea. El nivel conductivo de los pilotos subió mucho. Pensaba que podía seguir en el nivel del año pasado pero tuve una caída en la que me fracturé el pulgar (de la mano izquierda) y prioricé terminarla. Aguanté el dolor e intenté llegar para seguir con la causa del LALCEC, porque Elf donaba un peso por cada kilómetro que recorríamos.
- ¿Cómo fue la caída?
- La verdad es que fue muy tonta. Pero a veces te caés a 140 kilómetros por hora y no pasa nada, y en ésta ya venía con el dedo medio resentido, se me dobló y me quebré. Se me complicó todo porque también se me rompió el freno delantero y era en una etapa de montaña, con mucha piedra en bajada. Iba manejando con una mano y sin freno. Llegué a las 12 de la noche al bivouac, como pude. Ahí empezó una carrera diferente. Comencé a largar más tarde y me empecé a quedar dormido porque llegaba tarde al campamento. La meta era terminarlo, así que de a poco fui saliendo de ese problema y llegué a Santiago como pude.
- Ya con la mano lastimada, ¿vino el susto de la 12ª etapa en la Cordillera de Los Andes?
- Sí, siempre el cruce de Los Andes me trae problemas porque la altura me afecta mucho. La falta de oxígeno te genera un sueño placentero, no te das cuenta. Cerrás los ojos y cuando los abrís ya hiciste 50 metros dormido. Yo me dormí arriba de la moto y aparecí en la banquina. La pude dominar pero realmente me asusté mucho porque me acordaba que hacía unos días se había muerto el francés (Thomas Bourgin, que falleció en el Paso de Jama, en la 7ª etapa). Yo vi el accidente y me reventó la cabeza.
- ¿Cómo fue esa experiencia?
- Pasé después justo del choque, lo vi tapado con una manta y me generó muchas cosas en la cabeza. Me hizo pensar en terminar lo antes posible porque me podía haber pasado a mí. Es que justo ese día, cinco minutos antes, también me venía quedando dormido en la moto y el papá de Maffei (Tomás, piloto de cuatriciclos), que venía atrás con la camioneta, vio que me fui a la banquina. Se puso al lado y me empezó a tocar bocina. Me desperté, fui un rato atrás de la camioneta hasta que me despabilé y lo pasé. Y ahí, cinco minutos más adelante, vi el accidente del francés.
- Después llegó el segundo cruce.
- Sí, cuando controlé la moto en la banquina me quedé durmiendo ahí arriba hasta que apareció gente de la organización. Me quisieron llevar en el camión escoba y primero dije que no, porque sabía que penalizaba. Pero después me convencieron porque me aclararon que estaba contemplado en el reglamento por los problemas que trae la altura. El inconveniente fue que después tuve que largar con los camiones y ese es otro Dakar.
- ¿Cómo varió la carrera?
- Largar entre los camiones es un problema enorme. Apenas salí me empezaron a alcanzar y no queda otra que parar para dejarlos pasar. Si el especial era de dos horas, acá tardabas cuatro. Además del riesgo de que te lleve puesto un camión porque en medio del polvo ellos no paran. Se complica todo muchísimo. El piso queda destruido, se hace más pesado y no queda otra que ponerle mucha garra, cerrar los ojos y darle para adelante.
- Con todo, volviste a tener un Dakar accidentado después de un 2012 más tranquilo.
- Por suerte en éste pudimos sobrellevar la fractura y el dolor. En el 2011 también hice 600 kilómetros con las dos manos quebradas, pero era más complicado porque tenía una fractura expuesta, se podía infectar y quedaban 12 días. Acá me faltaban cinco días después del accidente así que decidí seguir.
- ¿Crees que el Dakar fue mutando desde que llegó a Sudamérica o todavía conserva esa magia que tanto se le destaca?
- Para mí la magia siempre la tiene. Lo que sí fue un gran error fue hacer la culminación de este año en Santiago. Chile tiene buenos pilotos, pero el público deja mucho que desear por su poco fervor. Acostumbrados a las recepciones multitudinarias y a ver personas por todos lados, llegar a Santiago fue una lágrima. Había más policías que público. A los pilotos amateur lo que nos mueve es la gente. Cuando pasamos por Tafí del Valle eran miles y miles de personas. Tuvieron que cortar la ruta de la cantidad de público que había y eso que es un décimo de la población que hay en Santiago de Chile. Hay dos etapas que son infaltables, con las dunas del desierto de Atacama, pero no es lugar para la largada ni la llegada
- El público ya es una parte vital del Dakar.
- Sí, es importantísimo. A mí la gente me motiva mucho. Es increíble. Te sale la argentinidad de adentro y, ahí, cualquier cosa que se te ponga adelante sentís que lo podés superar. Te transmiten mucha emoción y pensás que vale la pena lo que estás haciendo, porque se mueven muchísimas personas para verte pasar. Y la verdad es que el público de Chile no tiene eso que tanto motiva. En Santiago, un taxista no sabía que a tres cuadras estaba el pueblo del Dakar y pensás ‘¿qué estamos haciendo acá?’. No creo que sea negocio ni para la ASO (la entidad organizadora) tan poco entusiasmo, porque acá estábamos acostumbrados a ver millones de personas en la rampa de largada y 400 kilómetros constantes de gente al lado de la ruta.
Lo que viene
Como un campeón
Pensando en la edición de 2014, Eduardo Alan adelantó que su intención es continuar en el Moto Team by Elf. “Me siento muy cómodo en Elf porque me tratan como si fuera Peterhansel”, comparó, nombrando al francés, Stéphane, 11 veces campeón del Dakar.
“Nos miman mucho y es lindo correr así. Pero voy a necesitar más apoyo económico porque este año fue muy complicado en ese sentido, por la situación del país con el giro de divisas. Uno tiene que pensar en entrenar para conseguir una ubicación mejor y representar mejor a los patrocinadores”, comentó el piloto de Pilar.