por Victor Koprivsek
Funcionó entre los años 1985 y 1988, en el campo camino a José C. Paz, antes de llegar al colegio Cardenal Copello. Allí el destino forjó un circuito para que intrépidos amantes de los fierros lleguen a despuntar el vicio.
“Yo llevé unos dibujos a (Teófilo) Tolosa que era delegado de Presidente Derqui, y el Dr. Calvera, fueron los únicos que me dieron bolilla, le presentamos el proyecto al intendente Luis Lagomarsino que fue padrino del circuito”, comienza la charla Hugo Rosso, vecino del barrio y descendiente de una de las familias más tradicionales de la comarca.
El mismo cuenta que luego de superar con éxito toda la parte de papelería y autorizaciones se dio comienzo a la construcción del trazado.
“Como estaba en el límite del arroyo Pinazo no sabían si pertenecía a la jurisdicción de San Andrés de Giles o el Automóvil Club Central”, informa con detalles.
Una persona que era acompañante de (Juan Manuel) Fangio, Juan Iraizo, fallecido ya, les consiguió una entrevista con el múltiple campeón.
“Lo fuimos a ver a Mercedes donde tenía una agencia de autos en la calle Montes de Oca, fuimos unos cuantos, entre ellos mi viejo Raúl Rosso y gracias al campeón obtuvimos la autorización”, dice.
Otros vecinos y amigos se sumaron al emprendimiento.
“Mi tío “Pocho” Vázquez, Tucci, José Rossi, los primeros banderilleros que hubo fueron Julio Menéndez y el “Gallego” Manolo, el Gordo Juárez, “Achalay”, Carlitos Barrio, en esa época estaba de presidente del Club Unión, Braulio Mier, necesitábamos el respaldo de una institución y el club nos apoyó”, confiesa.
“La primer carrera metimos 5.000 personas, en ese tiempo se corría Turismo Carretera Bonaerense, TC del Oeste, una categoría de Fiat 600 que luego se llamó ALMA, el circuito se llamó Francisco Carlos, en homenaje a mi abuelo”.
Una vez, según cuenta, no pasaron el regador, y el veedor de San Andrés de Giles quiso suspender la carrera, entonces se armó la gresca donde no faltaron piñas y hasta tiros al aire.
“Fue una época linda, se hacían las prácticas el sábado, el domingo a la mañana la clasificación, y se corría la serie y la final a la tarde”, describe quien fuera el Jefe de Pista, hoy bombisto, Hugo Rosso.
Asi comenzó a funcionar El Circuito de Derqui por donde, entre otras personalidades, alguna vez pasó Pappo Napolitano.
La magia del lugar propiciaba la aventura de pibes de los barrios que escapando del ojo protector de las abuelas, llegaban al campito y se escabullían por debajo de los alambrados para contemplar absortos a los autos increíbles, esas mismas naves que seguían acelerando por las noches en sus sueños de infancia, allá por el ochenta y pico.
