Opinión: Adolescentes: el tiempo no alcanza

domingo, 1 de julio de 2012 · 00:00

 

 

Andrea J. Carpaneto*  andreajcarpaneto@gmail.com

 

Los adolescentes viven como si el tiempo no les alcanzara. Sus días parecen tener más de veinticuatro horas. Ellos necesitan imperiosamente que todo sea vivido a “full”. No pueden perderse nada. Los fines de semana tienen el partido de fútbol y/o de rugby, juntarse con amigos, hacer la “pre”, salir a bailar, y al otro día, otra vez a las ocho de la mañana, arriba para ver jugar a los amigos/as o jugar otro partido. Entre estas actividades que llevan muchas horas, faltan las que dedican a estudiar, las cuales siempre quedan relegadas. Aunque esto tiene graves consecuencias para ellos/as, dado que aprobar o no las materias condicionan las salidas, la diversión y el esparcimiento.

Ellos viven a la velocidad que han crecido y a la que los adultos los han llevado. Esta generación es aquella que comenzó a muy temprana edad con gran cantidad de actividades extracurriculares. Colegio de jornada completa, y dos veces por semana, deportes en el club más clases de música; incluso un día para apoyo escolar, si no son dos. Muchas veces llegan las diez de la noche y continúan con las tareas, por lo que a las once están tan agotados que se duermen mientras estudian.

Las actividades insumen el mismo tiempo a los seis años que a los quince. Sólo que ahora se agregó el tiempo indispensable para chatear con los amigos. Actividad que puede demandar cuatro horas o más diarias.

Los chicos sienten las mismas presiones que si fueran adultos con altas responsabilidades. Están estresados. Pero sin haber llegado a los veinte años, sin tener familia, ni trabajo. Estos jóvenes recién comienzan a dar los primeros pasos en la vida y ya están “agotados”.

Los parámetros se desdibujaron, no hay una guía para padres sobre “cómo se educa a un niño, niña y adolescente en los tiempos actuales”. Coexisten distintos modelos: antiguos, modernos y posmodernos. Estos últimos son los que combinan los otros dos, pero conllevan numerosos dilemas para los padres. Las comparaciones no son válidas a la hora de tomar una decisión sobre qué hacer cuando un adolescente reclama más libertad. Ellos siempre traen los conocidos argumentos “pero a mi amigos, los padres los dejan ir…” Surgiendo mayor duda en los padres quienes piensan, “entonces qué hacemos, ¿lo dejamos salir?”

La resolución de estas y otras situaciones que plantean diariamente los adolescentes demandan que los padres piensen y evalúen cada situación en particular. Los planes de acción generales suelen no ser eficaces. La diversidad llega a las elecciones de los adolescentes y en la misma sincronía hay que responderles. Los límites puestos con coherencia y sinceridad son mejor aceptados por los adolescentes.

Cada familia debería armar su propio plan de acción ante los pedidos de los adolescentes. Ya que los propios padres son quienes tienen que entablar códigos de confianza y responsabilidad con sus hijos. Desarrollar estos dos aspectos es fundamental para los adolescentes, ya que, pueden comenzar a asumir la responsabilidad de sus vidas. Transmitirles respeto hacia sí mismos y a los otros, cuidados sobre su cuerpo, respeto de las normas sociales y responsabilidades acordes a cada momento de la vida. Los adolescentes necesitan ser escuchados y valorados en sus preocupaciones, para ellos/as lo que les sucede tiene enorme importancia y necesitan ser escuchados con el mismo nivel. La escucha atenta de los padres les ofrece la seguridad de que son comprendidos en sus preocupaciones generando una confianza con los padres que garantizará que ante cualquier dificultad puedan recurrir a ellos.

La confianza que se establece entre padres e hijos/as tranquilizará a ambas partes, y podría suponer que es la única garantía de que ellos/as se sientan protegidos y disminuir los riesgos a que los expone la sociedad actual en cualquier espacio público.

En estos tiempos posmodernos los adolescentes viven “a mil”, pero es mejor si en esta especie de carrera son acompañados por adultos responsables.

 

*Psicóloga-UBA

 

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