Tribuna del lector: ¿Todo está mal…?

por Stella Maris Fraquelli Barreto.
sábado, 30 de junio de 2012 · 00:00

…Todo está escondido en la memoria refugio de la vida y de la historia …La memoria apunta hasta matar a los pueblos que la aplastan y no que no la dejan estar libres como el viento… León Gieco.

Todo está escondido o guardado en la memoria, como dice nuestro querido León, a veces pareciera que lo que tenemos guardado no aflora o no queremos recordar. Vivimos en un pasado reciente en situaciones que nos afectaron en nuestra vida social o económica pero seguimos negándonos a recordar. Entonces no tenemos parámetros para comparar si ahora estamos mejor o peor que antes. O bien nos movemos por una sensibilidad anti, ¡que de moda esta lo “anti” en estos días!

Cuando nos referimos a la Sra. Presidente le decimos “yegua”, “desequilibrada”, no sólo desde el llano sino también desde la prensa, y la vida sigue como si nada. Inmediatamente después aseguramos que no hay libertad de expresión, que esto es una dictadura. Eso es no tener memoria de lo que nos sucedía hace 35 años cuando realmente vivíamos una dictadura, por mucho menos cuando sólo una palabra condenaba como por ejemplo decir “Latinoamérica”.

Criticamos el sistema educativo y cómo se utiliza el presupuesto o de dónde sale ese dinero, y si hay otras prioridades cuando criticamos la entrega de netbooks para incluir la tecnología a la escuela pública y un nuevo método de enseñanza. Pero nos olvidamos que en los 90 el que tenía un título universitario sólo podía aspirar a manejar un taxi. O bien cuando la escuela había perdido su espacio de transmisión de conocimiento y se había convertido en mero asistencialismo, y por lo tanto, estos últimos ni siquiera podían aspirar a manejar un taxi.

Nos olvidamos que no hace tanto el nivel de desocupación era altísimo, que en el 2001 sólo el 40% de la población comía, que se produjeron saqueos y por qué o quiénes lo  produjeron. Cómo se utilizó a la población hambreada y sin visión de futuro porque los 90 los había catalogado en una nueva clase social, “los excluidos”. ¿Alguna vez alguien se puso a pensar en la dimensión del significado de esa palabra?

También en los 90 se desarticularon los sindicatos y el trabajador quedó desprotegido, los sueldos quedaron congelados y el FMI nos dirigía, nos mandaba, nos exprimía tal como sucede actualmente en Europa.

Nos olvidamos que no hace mucho estaba la supremacía del capital antes que las personas, la supremacía del mercado antes que la sociedad. Oyendo a Rafael Correa, que me dio estos conceptos, también me dio la respuesta que no podía encontrar. Me preguntaba ¿Por qué muchos sectores o personas que conozco, que considero progresistas, con los que comulgaba en los 90 ya que defendíamos lo mismo, ahora siguen resistiendo y no pueden ver los cambios producidos? A lo que Correa me respondió: “Muchos sectores de América Latina, como los sectores de izquierda o con ideas progresistas, se acostumbraron a la resistencia a los gobiernos y no pueden detenerse a evaluar los hechos. Y aunque estemos haciendo lo mismo que las consignas que pensaban ellos se oponen porque no son ellos los que están en el poder”

¿Será por eso que terminan de la mano de los sectores históricamente golpistas de la sociedad poniendo trabas aunque la gestión esté orientada a la igualdad y equidad de las personas?

También es cierto que hay gente que no cree nada de lo que dice la Presidente y aunque lo estén viendo desde sí misma, o sus vecinos, o sus alumnos o en aquellas personas que cruza desde siempre lo ignoran y entonces no existe. Quizás les quepa la misma reflexión de Correa o sigan idolatrando esa supremacía del capital a sabiendas.

También es cierto que los “caceroleros” dicen que este gobierno es una dictadura peor que los militares porque son reglamentados y no les permiten la especulación en su favor atentando contra el resto.

A esta democracia que hoy vivimos aun le falta mucho, no se pudieron combatir todavía la tiranía de los grupos económicos, la pobreza y la ignorancia. A los primeros sólo se les pudo poner un coto pero siguen resistiendo en la formación de precios ocasionando la inflación. Y acá recuerdo la época de Alfonsín que lo voltearon de esta manera.

Lo que sí se han bajado son los índices de los dos últimos y si bien muchos sin siquiera participar bajo las banderas políticas pero sí la de los derechos humanos, militamos para lograr ese cambio. No se pueden evitar los palos en la rueda y tampoco podemos evitar escuchar los rezos para que cada medida que se toma falle sin siquiera pensar en los miles de beneficiados.

Cuanto de culpa tenemos cada uno de los ciudadanos que habitamos este bendito país ya que siempre nos falló la memoria a la hora de tomar decisiones políticas aunque creamos, juremos o perjuremos que somos apolíticos. Como siempre, nos han manejado los medios y nos han hecho reaccionar como ellos quisieron, o bien se resisten a no ver en aquellos procesos que no votaron los cambios en los que siempre han creído.

Pero mientras haya ciudadanos de todos los países de Latinoamérica que mantengamos vivo en nuestras cabezas el sueño de la Patria Grande, para lograr la igualdad y equidad de la población; bloque para defendernos como región también de los embates de los grandes imperios o de los sectores internos que nos quieren sojuzgados y nominados como el tercer mundo, como si fueran los dueños de las definiciones; y para tener centrado el poder en el capital, seguiremos luchando para cumplir el sueño de muchos. Todos los cambios, todas las revoluciones primero se fijan en la cabeza de los hombres y mantenernos enfocados en esas ideas hace que lleguemos al resultado en Latinoamérica y en cada país que la compone. No hay revoluciones tempranas, crecen desde el pie, como nos dice Zitarrosa. Creo que llegó el momento de despertarnos, ya es tiempo y aquel que tenga todavía el sueño neoliberal va a tener que acostumbrarse que todos somos iguales y que muchos seguiremos pensando y actuando en plural, aunque ellos lo hagan en singular.

 

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