Una historia del corazón

El corazón de Claudia Zavala se detuvo en la noche de Navidad. Pero en el centro de Salud de Derqui lograron reanimarla. Hoy, ya recuperada, cuenta la experiencia que la marcará para siempre.
domingo, 4 de marzo de 2012 · 00:00

 

Claudia con sus padres. Dice que no vio luz, aunque sintió “una enorme paz”. 

 

 

por Alejandro Benedetti

 

El enigma de si hay otra vida luego de la muerte sólo tiene un fuerte aleatorio en la mayoría de las religiones. Es que, inexorablemente, implica el fin del fugaz paso por la vida; sin embargo hay muy raros casos donde quienes son dados por fallecidos “resucitan” al cabo de algunos minutos. Y esa experiencia le tocó a Claudia Zavala, una mujer de 35 años domiciliada en calle Saavedra del barrio El Triángulo, en Presidente Derqui.

Para la ciencia primero fue un caso más de muerte súbita, pero los médicos y enfermeros de la sala Derqui-Centro lucharon denodadamente y lograron resucitarla luego de intensos ocho minutos donde Claudia estaba, clínicamente, sin vida.

Otros habrían explicado todo desde una experiencia mística, y hasta echar mano a una suerte de especulación religiosa. Muy por el contrario, Claudia y sus padres sólo aceptaron la entrevista luego de cerciorarse que sería ajena a teorías sobrenaturales.

El caso ocurrió en la madrugada del 25 del diciembre pasado, en medio del festejo de Navidad, mientras bailaba con su hermano en medio del un humo de pirotecnia proveniente de la calle.

A la 1 de la madrugada comenzó el extraño episodio porque sintió que le faltaba el aire. Ella sufre de asma, pero en muy determinadas situaciones por eso ante la descompostura se aplicó su broncodilatador, colocó la cabeza en el refrigerador, pero luego cayó al piso en medio de la desesperación familiar. Ya no respiraba, y su corazón no latía. Pronto la llevaron hasta la sala sanitaria de la ciudad de Derqui y el sector de guardia recibió a una mujer cianótica, o sea sin oxígeno en la sangre y con los labios azules. Claudia Zavala había fallecido.

Sin embargo el doctor Jhony Villalta Herrera y los enfermeros Miriam Ortiz, Guido Cabrera, y Silvia Pombo decidieron pelear por su vida. Primero le aplicaron descargas eléctricas en el pecho con el desfibrilador, luego fuertes masajes y hasta golpes, pero Claudia seguía muerta.

Entonces uno de los profesionales recurrió a una última carta: una inyección de adrenalina clavada directamente al músculo del corazón. Y no se equivocó, porque la mujer abrió los ojos, tosió en medio de convulsiones y su corazón retomó el latido. 

 

Volver

Desde su caída en su casa hasta recibir la adrenalina tuvo un cuadro de ‘muerte por paro cardiorrespiratorio’ que duró ocho interminables minutos.

Luego de su reacción, fue derivada inmediatamente al Hospital Municipal de Pilar donde tuvo otro infarto. Esta vez, no la llevó a la muerte, aunque estuvo inconsciente por horas, internada en terapia intensiva, entubada por días, y finalmente se recuperó.

El 31 de diciembre le dieron el alta y retornó con los suyos. Sin embargo, nada cierra en su caso porque jamás había sufrido problemas cardíacos, tuvo siempre una excelente salud y sólo se hizo un electrocardiograma dos años atrás por un rutinario chequeo médico.

Pero los médicos del Sanguinetti, por lógica científica, no descartaban secuelas complejas. Es que al cabo de unos tres minutos, el cerebro ya no recibe oxígeno y comienzan a morir neuronas vitales que luego se plasman en problemas motores, en el habla, o en alguno de los cinco sentidos. Nada de eso sufrió ella porque a los pocos días retornó a su habitual labor de cuidar chicos y bebés. 

 

Profunda paz

La experiencia de morir y volver a vivir sí le dejó secuelas psicológicas, y por eso está haciendo terapia. Claudia Zavala está hipersensible, sus lágrimas surgen a medida que relata lo poco o mucho que recuerda. Indefectiblemente muchos le preguntaron una y otra ves: “¿Qué sentiste, entraste en un túnel de brillante luz, eras transportada hacia algún lugar?”. Y ella responde con plena convicción, “No, no vi en absoluto nada de eso, sólo sentí una muy profunda paz y nada más”. La mujer es cristiana; esa noche llevaba -y ahora también- en su cuello una cadenita con una cruz de plata que los médicos le sacaron para las placas radiográficas.

“Lo único extraño es que en una se percibe la crucecita que me habían sacado, y tal vez fue porque se me había pegado por la transpiración o por los intensos masajes y golpes en la salita, y me quedó una fuerte huella, no sé cómo explicarlo”, dice mientras se seca los ojos.

Tal es así que cuando comenzó a recuperarse, en el hospital, sentía un gran dolor en el pecho y costillas. Prefiere no ahondar en “lo milagroso, o la intervención divina”, y opta por el agradecimiento al equipo médico de la sala derquina que luchó por su vida. “Esa noche -dice- volví a nacer, y se lo debo a esos profesionales en particular, a mi familia que urgentemente me llevó, a la ambulancia que estuvo allí enseguida y a los doctores del hospital que me sacaron de otro paro cardíaco y después terminaron de sanarme, todo se combinó de manera perfecta, si no hoy yo no estaría aquí”.

Después le hicieron numerosos análisis y estudios; ninguno arrojó nada extraño. Hoy Claudia no sufre de ninguna secuela cerebral ni de otro tipo.

En tanto su padre, Juan Carlos Zavala, señaló “fue la peor noche de Navidad de nuestra vida, no le deseo a nadie semejante experiencia”, pero Claudia se juega a un contrapunto: “tal vez fue la mejor noche porque primero, estando muerta, sentí una profunda paz casi indescriptible y luego, cuando me resucitaron, aprendí a vivir la vida intensamente día a día”.

 

 

Se da en mujeres con riesgo coronario 
Qué es la muerte súbita

Según un nuevo análisis del Nurses Health Study, publicado recientemente en la revista Circulation, de Estados Unidos, la mayoría de las mujeres que sufren una muerte súbita cardíaca (MSC) no tiene antecedentes de cardiopatía pero casi todas tienen al menos un factor de riesgo coronario.

Como sucede en los hombres, el mecanismo más frecuente de la MSC es una arritmia. La reducción de la tasa de MSC observada en años recientes en varones es mucho menor en mujeres y en determinados segmentos (mujeres de 35 a 44 años) entre 1998 y 20010 se ha producido un aumento de la tasa de MSC del 21%.

 

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