Actualmente, varios especímenes de Ginko se secaron y deben ser reemplazados.
Un pueblo, una ciudad, es la interacción tan compleja entre naturaleza y sociedad que para ello el ser humano creó la palabra ambiente.
Pilar, desde antes de aquel año glorioso del 1820, donde un 23 de febrero se firma el pronto a conmemorar en esta semana “Tratado del Pilar” entre Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos e instala el devenir de pactos preexistentes constitucionales que culmina con la loable construcción de la nuestra Carta Magna, se muestra ambientalmente como resultado indoblegable de su naturaleza bañada por el Luján y sus arroyos y una sociedad creciente increíblemente.
Por eso, se hace necesario recordar la historia de una comunidad que apropiándose de los recursos naturales existentes fue logrando un ambiente adecuado para la vida en estos pagos.
Y en el recuerdo de esta historia pueblerina, su protagonista y su envidiable memoria de un concejal me recordaba hace poco nomás, este particular camino verde en la historia de nuestro Pilar.
Cambio
Aquel mediado del ‘60, nuestro conocido, abnegado, pilarense y actual concejal Miguel Saric bajo el cargo de Jefe de Inspección Municipal del recordado Intendente Juan Cirilo Sanguinetti, dejaba su impronta histórica al participar activamente de la extracción de las viejas Tipas (Tipuana tipu) de la vereda perimetral de nuestra querida plaza central 12 de Octubre.
Una extracción que comenzada por la esquina de Rivadavia e Irigoyen seguiría de todos modos, aunque señoras pilarenses emanaban continuas quejas al jefe de Gobierno local por tal actividad.
Claro, una extracción con noble enmienda porque decenas de ejemplares clasificados del Árbol de la Vida (Ginkgo Biloba), fueron plantados conseguidos del vivero escobarense de la flia Briozzo.
Clasificados porque ya venían con cintas blancas y rojas separados los ejemplares macho y hembra, y en tal cantidad que se colocaron con alternancia en doble fila en las cuatro veredas del espacio verde céntrico local.
Después la necesidad de una ciudad pujante con parque automotor en crecimiento exponencial necesitó ampliar las cuatro calles que rodean la 12 de Octubre, y aquella doble fila en galería de árboles Dorados de la China dejó de existir, quedando tan sólo la hilera interna.
Queridos lectores de mi Pilar: recordemos nuestra historia como pueblo que tuvo manos guiadas por sus corazones surgidas de su sociedad capaz de haber logrado el ambiente actual que entre todos debemos proteger.
