Tribuna del lector: En el país del nomeacuerdo…

Por Víctor Ejgiel

22 de enero de 2012 - 00:00



¿Adelantada?, no, Argentina. Cuando María Elena Walsh delineaba esas canciones para chicos que terminaron siendo señales para grandes, la del país del nomeacuerdo parece el título ideal para ése donde ella vivió sus días y donde hoy lo hacemos nosotros.
El trabajo de investigación presentado por TN (que parece que no miente) con respecto a las declaraciones del gobernador de la Rioja, ex tierra de Menem, succionada por el poder K a través de don Beder Herrera. Es la tierra donde se encuentra la famosa Famatina, donde la gente, según la democracia dueña de las decisiones, exige que no se extraiga el oro de su tierra, no se contamine y se use el agua para tomar, que a muchos en esa provincia les falta. En ese informe es increíble, en realidad está documentado en video así que sí es creíble, cómo antes de las elecciones el mensaje era en línea directa con la protección de medio ambiente, de la necesidad del cuidado de las reservas naturales de agua (el futuro petróleo) y del apoyo a la gente. Y como lo que le pasó a otro intendente, esa rara nueva enfermedad, parece que la memoria desapareció y los mensajes hoy son otros, completamente en contra de la decisión popular, esa misma que lo llevó al lugar que ocupa.
Pero esto no sólo indica un conflicto local y único, el tema de la minería a cielo abierto tiene una lucha larga que incluye prohibición de cortos como el que realizaron varios artistas conocidos convocados para el tema. Lo raro es que jamás el Gobierno nacional se expidió sobre aquella o esta cuestión, es más, suena más que llamativa la visita de nuestra presidenta a Canadá, país de origen de las principales mineras, justo antes de la radicación de Barrick y en el medio del incremento del patrimonio K.
Otro hecho llamativo es que en la instalación de estas mineras extractoras de oro, que solamente tiene un uso industrial en la construcción de microprocesadores, el resto es solo para lujos, el Estado nacional opera como socio, al igual que con el campo en las retenciones. La diferencia es que a las multinacionales contaminantes les saca el 3% de lo que exportan dejándoles el 97% de los ingresos para acaudalar sus bolsas que se envían al exterior. Al campo, en cambio, les saca un 17% de la producción de alimentos, que genera divisas que quedan en el país.
Por otro lado, los desastres ambientales ocasionados por la contaminación mundial (entre ellas la minería) generan sequías que producen la pérdida de cosechas y el quiebre de varios pequeños agricultores que con préstamos acceden a la siembra para pagarlos con las cosechas, que, sequía mediante, los llevan a la ruina. Sólo al agricultor, porque el socio-Estado no participa de las pérdidas, solo de las ganancias.
Tal ves el país del nomeacuerdo no sea otro que el mundo del revés, aunque por ahí lo mejor sería escuchar la serenata para la tierra de uno.

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