La verdad, nunca me gustó hablar de mí, ya que no debería importarle a nadie, pero ante las opiniones vertidas por Ud., Señor Aranguren, que sentí injuriantes más hacia mi familia que a mí mismo, me permito responderle, y lo hago por este medio ya que no dejó dirección alguna a la cual remitirle sin hacer de esto un boletín público.
Primero, no me gusta el té, así que mucho menos el de Ceilán. Me crié en una familia de clase muy media, con un padre (Leonardo Ejgiel) laburante de oficina que sobrevivió a esa plaza bombardeada defendiendo sus ideales peronistas, una madre docente de alma (Martha Borghini) que debió salir, muy a su pesar, a la esquina de su casa paterna a rezar por Evita y su enfermedad, porque “las fuerzas del orden” así lo determinaban, nos vinimos a Pilar hace unos 40 años gracias a que el entonces ministro de Economía Rodrigo hizo desaparecer los ahorros de mis viejos. Y honradamente de Cabildo y Monroe comenzamos una nueva vida en la Villa Verde, lugar donde sigo viviendo y que hemos visto crecer con el correr de los años.
Mi viejo perdió su laburo a los cincuenta años y deambuló, como muchos hoy en día, buscando de dónde bancar la olla que en casa era sostenida por mi vieja, que siempre, siempre trabajó dos turnos y no para bancarse el viaje a Europa sino para poder pagar la comida, las cuentas y el estudio de sus cinco hijos.
Yo estudié en la Escuela 4 de la que guardo hermosos recuerdos, mi secundaria transcurrió los seis años de la escuela técnica en el gigante Instituto Carlos Pellegrini compartiendo mis días con algunos Foratis (alumnos externos) y los Tumberos (alumnos internos) chicos con muchos problemas familiares, pero duros corazones que se ablandaban cuanto más nos conocíamos.
Yo también recorrí el Parque Industrial cuando terminé el colegio en busca de trabajo, en la época en que se decía que cierta empresa sólo tomaba rubios de ojos claros. Y trabajé en Pacheco al mismo tiempo que estudiaba en Ciudad Universitaria, tal vez la vocación también me llevó hace 20 años a comenzar en la docencia al mismo tiempo que habría un local en el centro de Pilar (el mismo lugar donde estoy ahora).
Los estudios universitarios también los tuve que abandonar porque había que llenar la que ahora era mi propia olla, la de mi familia. Todavía no conozco lo que es viajar en avión, por más que de mis impuestos se banquen los de otros. Y el plan Eva Perón que les permitió recuperar a mis viejos la casa propia se las quitó Menem y su falta de laburo.
Así que creo que nadie me regaló nada y mucho menos a mis viejos. De todas formas, mis opiniones vertidas en este diario son sólo “opiniones”, de las que puede estar de acuerdo o no, en todo caso tiene toda la facultad de refutarlas con información tan veraz como las que me llevan a escribir.
Puedo ver que hay mucho hecho, y me parece correcto, pero jamás voy a dejar que el mirar lo realizado tape toda la basura debajo de la alfombra, porque siempre, en algún momento alguien la levanta para barrer y ya está tan podrida que cuesta mucho limpiarla.
Así como este medio me da la posibilidad de expresarme, sepa que Ud. también puede hacerlo, lo único que le pido es que no injurie, sino que justifique sus expresiones, sino son simples balbuceos. No lo conozco y jamás opinaría de su persona, la verdad jamás sale de la injuria ajena sino de la justificación de los hechos y los dichos. Lo invito a refutar con verdades cada expresión mía, sino consígase un té de tilo que ese es nacional. Gracias.
